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Apuntes de la doce

Me pongo a tono con el mundial sencillamente porque me gusta el fútbol… a mi manera. Aunque sólo en contadísimas ocasiones he tenido que enfrentarme a la jabulani*, reconozco que el fútbol siempre ha estado presente en mi cotidiano vivir, a veces como tiro libre sin peligro, otras desde el mediocampo, otras como penal de nervios. En mi casa materna la influencia del fútbol podría haber sido mínima, pienso, pues se trataba de un matriarcado singular; pero no, estoy convencida de que mi tía Doris habría sido una excelente comentarista de fútbol –así como mi mamá de política, pero esto entre paréntesis– porque no he conocido otra mujer que se sepa como ella los nombres y los equipos de los jugadores, que domine la tabla de posiciones, que vibre y sufra como lo hace con ciertos partidos. De mi tía aprendí a gritar ´!chusa, chusa!´para conjurar un gol, a reconocer una posición adelantada y un “foul”. Los insultos e increpaciones son de mi propia cosecha.

Por mi parte, me confieso hincha declarada, acérrima y recalcitrante del equipo de mis amores, San José de Oruro y creo que gracias a sus inolvidables campañas de mediados de los noventa, empecé a saborear la pasión de una victoria, la adrenalina de un penal, la catástrofe de una derrota. En añoranza a mi equipo, sigo de cuando en cuando la campaña del Karlsruher Sport Club (KSC), el equipo local de la ciudad en la que vivo… pero ¡qué remedio! San José es su papá.

También soy hincha de los mundiales y aunque no tengo la memoria futbolística que les envidio a los varones, mis recuerdos se remontan a hechos muy concretos: el Naranjito, mascota del mundial de algún año en Argentina; el letrero que los jugadores de Brasil le ofrecieron en un partido de final (¿?) al fallecido corredor de F1, Airton Sena; la cara de D1eG0 sobresaltada en extremo después de un gol contra un equipo africano (¿?) y que al final significó el acabose de su carrera –como futbolista–; los bigotes de Azkargorta cuando logró la clasificación de Bolivia al Mundial de los Estados Unidos en el año 94.

No tengo idea de los futbolistas ni de sus equipos ni de sus rachas, me basta con disfrutar recordando la atajada tipo escorpión del arquero colombiano Higuita, la melena tipo pompón de su compatriota Balderrama, la destreza gatuna de Goycohea y el cabezazo que Sidane le propinó a un italiano en el partido de final del mundial anterior. Todavía me pregunto qué fue lo que el ilustre cabeceado espetó. Este deporte me mueve también la fibra sentimental: todavía me apena que Ballack se pierda su último mundial, todavía me revienta ese árbitro Undiano –el que dirigió el encuentro entre Alemania y Serbia–, me fascinan los uniformes negros de Alemania, me divierte la cara de la gente del estadio cuando se da cuenta de que los están filmando, me gusta que Oli Kahn comente los partidos y que Maradona esté de nuevo presente.

El primer mundial que pasé “fuera de casa” fue el del 2002 en Corea-Japón, por entonces vivía en Madrid, en un departamento –piso dirían los españoles– compartido con otros tres latinos. ¡No teníamos tele! Pero nos juntábamos con otros sudamericanos con tele para ver los encuentros. Brasil nos dio tremenda alegría en suelo europeo.

El mundial del 2006 fue uno de los más especiales para mí y por doble partida, porque se llevó a cabo en Alemania –el puerto en el que todavía descansa mi ancla– y porque estaba embarazada de mi primer hijo. Debido a mis casi ocho meses de embarazo, no me fue fácil corretear de aquí para allá después de los triunfos del anfitrión –como lo hacía otrora en mi natal Oruro–, pero lo disfruté. Mi segundo hijo nació el 2008, cuando los correteos por la Eurocopa ya se habían despejado. Según mi estadística futbolística de natalidad, este año tendría que haber nacido el tercero de mis herederos, pero creo que con un mundial y un campeonato de Eurocopa es suficiente.

Este mundial me fascina también. Que sea en Sudáfrica me parece digno de admiración, se lo merece Mandela y se lo merecen los africanos. Aunque sigo los partidos cuando puedo y como puedo –mis múltiples ocupaciones y responsabilidades no me permiten apoltronarme en el sillón–, gracias a mi BlackBerry le pregunto a mi familia venezolana por los resultados de los encuentros que no puedo ver, leo con fruición las sabrosas crónicas que escribe mi amigo Franchesco en su superblog mundialista, comparto mis pálpitos en el FB o me escapo a la heladería del italiano de la cuadra para mirar a pellizcos los partidos que me pierdo cuando estoy camino a recoger a mis hijos del Kindergarten.

Y en fin, pienso que el mundial de fútbol es una medida anti estrés y una maravillosa fiesta intercultural. Me ahorro aquí mis críticas observaciones a la FIFA y al lucrativo y frío negocio en el que han convertido al fútbol en general. Cierro aquí para buscar mi “fixture” esperando goles, vencedores y vencidos.

*Es el nombre del balón oficial con el cual se juega el Campeonato del Mundo 2010, fabricado por la marca Adidas. El diseño, que fue ejecutado por la universidad inglesa de Loughborough, tiene once colores, que representan los once jugadores de cada equipo de fútbol, los once idiomas oficiales de Sudáfrica y las once comunidades sudafricanas que dieron su bienvenida a las delegaciones participantes del Mundial. La palabra jabulani significa "celebración" en lengua zulú. En la final de la Copa del Mundo se empleará una versión dorada de ese balón, que se llama jo'bulani. Esta palabra se forma con jabulani y jo'burg (Johannesburgo), sede de la final del torneo, conocida también como Ciudad de Oro. Fuente: http://www.elcastellano.org/diccio.html

Comentarios

  1. Me encantó. Gracias, además, por la referencia. Estoy seguro que muchos varones las envidiamos porque ustedes atesoran detalles valiosos, en cambio nosotros, como dice Villoro, guardamos un montón de datos e informaciones inútiles.
    ¿Tiene algo que ver la camiseta del Kalsruher con la de los Santos? Por cierto, hoy y el domingo juegan contra mi Tigre, jijiji.
    Beso y un fuerte abrazo.

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  2. UFFFFFFF Que inflados están los alemanes... espero que España les enfríe...
    Muy bonito e interesante tu blog, Ana. Mi ENHORABUENAAA y un beso desde Eslovaquia.
    Elena

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