23 de marzo de 2016

Los duraznos de la ciencia



Caminar de prisa por la calle, calculando el tiempo entre una diligencia y otra, es algo de todos los días. Encontrar en medio de la carrera una tiendita de barrio que ofrece duraznos, puede que también sea algo común. Saber que tu hijo te ha reclamado ya dos veces la falta del fruto aterciopelado en el hogar, pone en duda tu deber de madre. Sostener una conversación científica con la caserita es lo que no tiene precio:

−¿A cómo tus duraznos?

−A un peso.

−Ya, voy a llevar.

−¿Cuántos?

−Diez.


Acto seguido recibo la bolsa de plástico y me arriesgo a preguntar:

−¿Me puedo escoger?

−Escoger, no. Elegir, sí.

Listo. Allí me quedé en principio sin argumento alguno para rebatir la falsa utilización de un sinónimo. Pero pronto recupero el razonamiento y de paso me sonrío:

−Pero si es lo mismo. Escoger es lo mismo que elegir.

Allí interviene la ayudanta de la casera para apoyar mi punto de vista. En voz baja le dice:

−Te está diciendo que es lo mismo, pues, elegir y escoger.

Pero la casera sabe bien de qué habla y no se deja achicopalar con cualquier clienta.

−¡No, no es lo mismo! Elegir es agarrar nomás y ya. Escoger es que estás viendo una por una las frutas y las vas metiendo a la bolsa.

¿Quién soy yo para estrellarme contra constataciones del cientificismo cotidiano de una casera hecha y derecha? ELEGÍ mis duraznos con la boca cerrada, cancelé el monto y me marché. El asunto es que mi deber de madre no habrá de quedar en entredicho.

7 de marzo de 2016

Knock-out a la boliviana



Parece increíble, pero hay un trecho en El Prado en el que no es tan fácil conseguir una fotocopiadora, especialmente al frente de la Mutual La Paz. Lo curioso es que cuando la encuentras, te topas con historias como esta.

A la altura del Edificio Hermann hay un pasillo-rampa bastante ancho que conduce hasta una tienda de ropa de segunda mano. Lo bueno es que allí, precisamente en ese lugar, puede encontrarse una fotocopiadora.

Llego a la fila y espero mi turno. El aparato está prácticamente escondido debajo de una jungla de prendas que se descuelgan desde el techo. Allí atiende una diminuta jovencita a la que apenas se le ve la cara debido a la sombra acumulada en aquel rincón. Delante de mí está una señora que acaba de recibir sus fotocopias y que, ante el precio de 30 centavos por hoja, se "medio-indigna" y le dice a la diminuta jovencita: Al frente, donde siempre fotocopio, me cobran 20 centavos por hoja. No, señora, le responde la que atiende y argumenta: Hace tiempo que la fotocopia está a 30 centavos.  La señora parece escarbar con disgusto dentro de su billetera y logra desenterrar 70 centavos. La cuenta, sin embargo, asciende a 80 centavos (por más que me parto la cabeza, no logro dar con el cálculo. ¿Por qué si fueron 3 hojas, la diminuta jovencita le cobró 80 centavos a la señora?). Y entonces llega la pregunta del millón, la señora le dice a la jovencita: ¿Te puedo dar 70 centavos? Y la respuesta llega rauda: No, señora, la fotocopia es a 30 (ya no me pregunten por el cálculo). Y la señora responde: ¡Pero por 10 centavos no te vas a volver pobre! La jovencita ni se inmuta y mientras espera los 10 centavos restantes, me pide apresurada que le pase mis originales. Entonces vuelve a la carga la señora y le dice: Sólo tengo 70 centavos, si no vas a tener que darme cambio de 10 bolivianos. Y la diminuta que responde: Está bien, le voy a dar cambio. Anverso y reverso, por favor, pido yo.

Mientras observo cómo pasan mis hojas por la fotocopiadora, la señora abre su billetera y hace la puja un poco más interesante y le dice a la jovencita: Sólo tengo 50 bolivianos, e inmediatamente le pasa el billete. La jovencita que responde: Está bien, le voy a dar cambio.  Y yo para mis adentros que digo: knock-out. Y en vista de que la hora de recoger a mis hijos llegaba sin compasión, tuve que marcharme sin haber presenciado el desenlace. Así que colorín fotocopiado, cambio de 50 en qué habrás quedado. 

(Por cierto que yo también paqué 80 centavos por tres fotocopias, pero hacer preguntas inteligentes en momentos poco oportunos puede resultar ser un tanto antipático).

17 de enero de 2016

Un viernes cualquiera, un bolígrafo azul, una respetable dama



Hacer cola es odioso. Aburre, cansa y en ciertas ocasiones, enferma. Sin embargo hacer cola con un buen libro en la mano puede hacer del evento un momento único. Se trata de un tiempo “muerto” que se puede aprovechar. Pues bien, las condiciones estaban dadas. A las 14:15 del viernes 15 de enero fui la última persona en sumarse a la fila de ciudadanos que esperaban que la oficina de la Alcaldía Municipal de la calle Colón abriera sus puertas.

A las 14:30 la cola comenzó a “entrar” a la oficina para convertirse en cuatro serpientes más cortas correspondientes a las cuatro ventanillas de atención al ciudadano.  De principio daba exactamente igual pararse en una u otra ventanilla, pura cuestión de azar. Me aposté en la fila de la ventanilla que estaba junto a la puerta de entrada mientras continuaba engullendo La zona muerta de Stephen King. Pasadas las 14:30 una respetable dama ingresó en el recinto y preguntó al general de los presentes si esa era la fila para el banco. Alguien le informó que si era para pagar, las ventanillas del banco estaban del otro lado de la oficina. Pese a la información, la respetable dama concluyó en voz alta que, como no sabía si debía pagar o no, iba a quedarse a hacer fila. Encontré prudente decirle que “mi cola” era para iniciar cualquier trámite y obtener una ficha para pasar a la siguiente ventanilla; no era para pagar. La respetable dama me agradeció y yo continué aprovechando el tiempo muerto.

Habrían pasado unos diez minutos cuando la primera queja de la respetable dama me sacó de las páginas (digitales) de mi lectura. “Esta señora que no viene, ¿cómo va a tardar tanto, si solo son dos cuadras? “. La señora en cuestión llegó enseguida, como llamada por la voz de la respetable dama. Venía sudorosa y con un puñado de archivadores amarillos en las manos. Además venía sonriente y al parecer, complacida de ver que la respetable dama estaba ya en la cola. Esto, seguramente, le ahorraría un tiempo precioso.

Después de las 15:55 comencé a impacientarme por la lentitud de la atención de la ventanilla 4. La zona muerta estaba interesantísima, pero yo tenía una cita para ir a la piscina con dos apuestos varoncitos que también esperaban impacientes. En fin. Continué leyendo, sin embargo la voz de la respetable dama volvió a interrumpirme una vez más. “Disculpe, ¿tiene un bolígrafo azul?” Reaccioné palpándome los bolsillos de la chamarra y el pantalón y le dije que lamentablemente no tenía ninguno. Bendita mi suerte, ¿qué hubiese sido de mí o de la respetable dama de haber encontrado yo un bolígrafo en mis bolsillos? 

Unos cinco minutos más tarde, la voz de la respetable dama comenzó a subir de tono. “¡Qué barbaridad! ¡He firmado la minuta con bolígrafo negro! ¡Tenía que ser azul!” Me preguntaba si aquello sería realmente una tragedia. Sin embargo la tragedia llegó después. La respetable dama se acercó hasta el guardia policial que custodiaba la entrada y que tuvo la mala suerte de prestarle un bolígrafo NEGRO. “Aquí tiene su bolígrafo. Por su culpa he arruinado la minuta. Yo le pedí un bolígrafo azul. ¡Mala conciencia!” ¿Mala conciencia? ¿De qué me perdí? Discúlpame un minuto, Stephen, pero tengo que mirar la cara de esta dama y La zona muerta tendrá que esperar. El guardia guardó el bolígrafo en el bolsillo del pantalón y le preguntó: “Disculpe, señora, ¿acaso yo le he dicho que firme?”. La pregunta tenía mucha lógica y siguió: “Usted me pidió un bolígrafo y yo se lo presté.” La respetable dama mostró entonces toda su respetabilidad, aquí vamos: “¡Maldito, malcriadote! ¡Yo le dije bolígrafo azul, azul y usted me ha dado uno negro!” Uno de los empleados de la Alcaldía, reconocido al instante por su chaleco amarillo, se acercó a la dama y le pidió que por favor se calmara y que realmente la culpa era suya por no tener un bolígrafo azul. “¡Atrevido! ¿Por qué me voy a calmar? ¡No me da la gana de calmarme y punto! ¡Usted no me va a venir a decir que me calme! ¡Si me da la gana de estar furiosa, estoy furiosa y punto!” Lo que vino después no tiene nombre. La respetable dama que había encontrado una interlocutora detrás de ella con la que siguió esparciendo su furia: “¡Ese maldito! ¡Si no tenía bolígrafo azul debía pues decirme, no me da la gana de darle y ya!, ¿cómo me va a hacer arruinar así el documento? ¡Con toda su maldad lo ha hecho ese maldito!” Y la cereza del postre: “¡Esta raza aymara maldita. Yo no soy racista, pero cuando se ponen así malditos, los odio”. T-E-X-T-U-A-L. 

No sé a qué raza pertenezco, lo que  me consta es que la sangre que corre por mis venas es roja y que hacer fila en ciertas ocasiones puede llegar a ser nauseabundo y repugnante.

27 de noviembre de 2015

Aprendiendo a enseñar 15: La despedida



Último día en la Primaria del Bosquecillo de Robles. Fin de mi retiro pedagógico, vuelvo a casa.

Hoy la escuela celebró el primer adviento. Todos los niños de la escuela se acomodaron en el pasillo de la entrada y en las gradas. Mi clase de español inició la celebración con la canción que veníamos preparando desde hace dos semanas más o menos. Fue lindo verlos cantar e interpretar la pequeña escena de nacimiento viviente que organizaron ellos mismos. Me tocó agradecer a todos los niños y a los colegas por el tiempo que me obsequiaron durante estas tres semanas. Fue un momento muy lindo y emocionante.

Durante el resto de la mañana me acerqué a cada curso para despedirme. Los niños se mostraron cariñosos y más de uno me dijo que me extrañaría, otros me preguntaron si volvería el próximo año, otros me abrazaron. La clase de Christiane me preparó un lindísima presentación musical de despedida y un sobre en el cada niño me escribió un pequeño texto de despedida y un dibujo.

El queque de quinua que Christiane y yo horneamos ayer para compartirlo hoy con los colegas salió bien y aunque su sabor no es usual, o por lo menos no es al que están acostumbrados, los colegas lo probaron; pero más tarde fueron los niños los que acabaron con él. Muy pocos saben qué es la quinua y todo lo que puede prepararse con ella.

Antes de las tres de la tarde un grupo de niños me esperó en la puerta para darme otro abrazo de despedida y unos regalitos. Me fui sonriente, agradecida y emocionada. Hasborn quedó atrás con sus 600 habitantes, en mi corazón quedarán los 98 niños y los siete maestros de la primaria del Bosquecillo de Robles que me abrieron las puertas de sus aulas y que compartieron conmigo este tiempo.

Tras cuatro horas batallando con mis maletas, por fin puedo verlas cerradas y listas para marchar. Último día en la Primaria del Bosquecillo de Robles. Fin de mi retiro pedagógico, vuelvo a casa.

26 de noviembre de 2015

Aprendiendo a enseñar 14: Frau Lopi



Jule es una pelirroja de lo más dulce que hay. Tiene 7 años y está en el primer grado (paralelo a) y hoy tuvo la hermosa ocurrencia de llamarme Frau Lopi. Frau Lopi aquí y allí. Así comienzo a despedirme de la Primaria del Bosquecillo de Robles, así voy cerrando este retiro pedagógico que me ha enseñado muchas cosas de mí misma, del mundo que me rodea y de todo lo que me hace falta en este momento.
Hoy fue un día especial para los niños del primer grado, recibieron la visita de las educadoras que los atendían en el Kindergarten. La verdad es que no todos los niños se alegraron con la visita y no es que lo hayan demostrado, lo dijeron claro como el agua en los días pasados. No hay nada como la inocencia y la sinceridad de un niño. A mí me pareció interesante la visita, las educadoras no solo pudieron ver a los niños en el aula, sino que también conversaron con sus actuales maestras sobre el desarrollo de cada uno de los pequeños. De esta manera el Kindergarten puede replantear o ratificar su trabajo con los niños.

La breve presentación de la canción de navidad que mis niños de la clase de español harán mañana ha terminado de tomar forma. Fueron ellos mismos quienes organizaron un nacimiento viviente para interpretar la canción. Veremos qué tal nos va mañana, en todo caso yo me siento satisfecha, porque en muy corto tiempo los niños aprendieron la canción y la van a interpretar delante de toda la primaria. Ellos están felices y emocionados. Hoy también preparamos unas cartulinas con todo lo aprendido y las colgamos en la pizarra de novedades de la escuela.

Entre tanto, en la escuela se respira ya la Navidad. Hay un hermoso árbol en la entrada y la puerta principal está completamente adornada. Vamos, viernes, te estoy esperando.  

25 de noviembre de 2015

Aprendiendo a enseñar 13: El Streptococcus mutans y Bernkastel




Se acaba un larguísimo miércoles. Llegamos a Hasborn rosando los cero grados centígrados. Una delgada capa de nieve y otra un poco más gruesa de neblina nos dieron la bienvenida en la primaria del Bosquecillo de Robles.

Hoy salí por primera vez en estas tres semanas al recreo en el pequeño patio de la escuela. Aunque la nieve no era más que un adorno sobre los tejados y los arbustos, varios niños se las ingenieron para hacer bolas de nieve e intentos de muñecos. El recreo duró como todos los días, 20 minutos al cabo de los cuales entré corriendo en busca de una taza de té. Frío, frío, frío.

Hoy visité nuevamente el primer grado (paralelo b). Es uno de los cursos que más me ha gustado visitar en estas casi tres semanas. Los niños tienen rituales establecidos que además se identifican con canciones muy divertidas que, aunque infantiles, tienen ritmos modernos que ponen a los niños a bailar.

De acuerdo a lo planificado para este miércoles, un dentista visitó hoy la escuela con el objetivo de revisar los dientes de los niños del primer y segundo grado y de ofrecer una charla educativa sobre higiene bucal a los niños de tercer y cuarto grado. El Dr. Jung hizo su mejor esfuerzo para hacer que los niños entendieran cuál es el proceso patológico-científico de la creación de una carie (Streptococcus mutans, por su nombre científico) en un diente. Cuando el Dr. Jung les pidió a los niños que guardaran silencio, les recordó amigablemente que ya no estaban en el Kindergarten. Claro, los niños de primer grado han pasado ya dos larguísimos meses en la primaria (aquí el año escolar comienza a finales de septiembre) y deberían comportarse a la altura.  En el cuarto grado su charla fue por supuesto, más elocuente y cuando faltaban apenas 7 minutos para que concluyeran la clase, todavía no había explicado el proceso práctico del cepillado de los dientes. Mi conclusión: hay quienes pueden trabajar con niños y hay quienes definitivamente no.
 
Hoy tuve siete niños en la clase de español. Estoy gratamente sorprendida con Gabriel y sobre todo con Emma. Las ganas de aprender que tiene esa niña motivan a cualquier maestro.

Después de la escuela ya no había nieve, el sol sediento de ella salió por un par de horas y regresó a su guarida sin más. Pero Christiane, su esposo y yo fuimos de paseo a Bernkastel, un pueblito divino que está ubicado a orillas del río Mosela y al que definitivamente vale la pena visitar de noche y en tiempo de navidad. Así voy acariciando el jueves. 

24 de noviembre de 2015

Aprendiendo a enseñar 12: El diente de Ben



Martes. Hoy vi caer nieve en Hasborn. Eran copos pequeñitos y sin embargo se distinguía en cada uno de ellos una forma estrellada perfecta. El frío está por tanto, al orden del día.

Hoy impartí la última clase de Landeskunde sobre Bolivia. El tercer grado (paralelo a) me escuchó con mucha atención e interés. A diferencia de otras clases, en esta conversé con los niños sobre el idioma que se habla en Bolivia, les dije que no era el „boliviano“, sino el español, les conté que vivo en el piso 19 de un edificio en el centro de La Paz y que a diferencia de Alemania, en el campo en Bolivia uno puede viajar kilómetros de kilómetros sin ver una sola casa en el horizonte. Se quedaron muy sorprendidos, tan sorprendidos como los papás de Christiane el fin de semana que los visitamos. Ambos -mamá y papá- concluyeron su asombro con una pregunta/respuesta: Con ascensor, ¿no?

En la clase de matemáticas en el cuarto grado no me pude aguantar las ganas de recortar las figuras geométricas con la que todos los niños estuvieron ocupados por espacio de media hora aproximadamente. Mis figuras no quedaron nada mal.

A la hora del almuerzo, los niños me pidieron hoy por segunda vez que dijera la oración en español. Como hace algunos días, hoy volví a ver un montón de platos de sopa (crema de papá y brócoli) que fueron devueltos sin haber sido probados siquiera. Y debo confesar que salí del comedor unos cuantos minutos antes que todos los niños porque estaban bastante bulliciosos. Como en todas partes del mundo, algunos de estos niños todavía no identifican sus límites y como almuerzan solos, solamente vigilados por la dulcísima Frau Schmits, entonces el cuadro puede tornarse insoportable.
 
La nota de hoy la hizo Ben, es el más pequeñito del primer grado. „Accidentalmente“ Amy lo golpeó en la boca y uno de sus dientes salió volando de su boca hasta el suelo. Su  mamá llamó hoy a Christiane para pedirle que por favor buscaran el dientencito en el aula. Mañana sabremos si fue posible hallarlo, de otra manera el Hada de los Dientes o „die Zahnfee“ no llegará a visitar a Ben.

Entre otros datos interesantes, Christiane me explicó hoy que los profesores de religión deben contar con una autorización especial de la Iglesia Católica para impartir clases en los colegios. Que yo sepa, esto no funciona así en Bolivia, ¿o sí? En otras palabras, no cualquier profe puede impartir esta materia en Alemania, o por lo menos en el estado de Rheinland-Pfalz.

Más datos interesantes. En la primaria del Bosquecillo de los Robles la biblioteca escolar es atendida por mamás voluntarias que van todos los días a la escuela para prestar libros y mantener la biblioteca en orden. El primer y segundo grado también cuentan con un grupo de mamás voluntarias que van al colegio una dos veces por semana durante las clases de alemán y practican lectura de comprensión con los alumnos. El curso se reparte en grupos pequeños y de esa manera los chicos pueden practicar más. Ayer me tocó suplir en el segundo grado a una de esas mamis que no pudo ir al a escuela.  

Avizorando el punto final, voy convirtiendo este martes en miércoles aunque el reloj me dé la contraria con su imperturbable verdad. 

23 de noviembre de 2015

Aprendiendo a enseñar 11: Warme Dusche – ducha caliente


  
Ha sido un lunes „profesional“. Un lunes de esos que te recuerdan que, desde que amanece, y no importa dónde estés, es su majestad Día de la Semana I. Los lunes son los mismos en todas partes del planeta. Pero bien, superadas las primeras horas de este LUNES, miro con entusiasmo e ilusión mis últimos días de trabajo y observación en la primaria del Bosquecillo de Robles en Hasborn. He comenzado mi cuenta „regresiva“.

Hoy me tocó dar clase de Landeskunde sobre Bolivia en la clase más numerosa de la escuela, el segundo grado que tiene 23 alumnos. A diferencia de todas las otras clases que ya he visitado con mi Landeskunde, esta fue la primera clase en la que los niños identificaron los colores de la bandera boliviana con los colores de un semáforo. Excelente técnica nemotécnica para recordar esa información.

Pero creo que lo más lindo de hoy fue „la ducha caliente“ o warme Dusche. Durante la quinta hora acompané a Christiane al seminario, Arbeitsgemeinschaft o AG en alemán, sobre resolución de conflictos o Streitschlichtung. Pero vayamos por partes. Las AG son actividades extracurriculares que los niños llevan a cabo una vez finalizada la jornada escolar. Las AG pueden ser actividades deportivas o culturales o de otro tipo. En la primaria am Eichenhain se ofrecen AG de manualidades, lectura, tenis de mesa, tenis, música, etc. La AG de Streitschlichtung o resolución de conflictos es una de estas actividades. Su objetivo es el de preparar a los alumnos como mediadores de conflictos entre los estudiantes de la escuela. Estos ninos portan una identificación especial durante los recreos y pueden intervenir en conflictos que se susciten en este tiempo. Así también son solicitados por otros alumnos para solucionar dificultades.
 
A parte de juego de roles en los que los niños deben actuar como mediadores en diferentes situaciones creadas, en cada sesión de la AG de resolución de conflictos, los alumnos aprenden un juego social que les permite desarrollar competencias socioafectivas que requieren para ser mediadores. Hoy practicaron con la „ducha caliente“. Todos los niños se sientan en círculo, en el medio se pone uno de ellos. Cada uno de los niños que se encuentra en el círculo se dirige al compañero del medio para decirle qué cosas le gustan de él o ella, o que aspectos de su carácter o de su persona le parecen positivos. Al finalizar la ronda los niños presentes le pidieron a Christiane que yo también me sentara al medio. Fue verdaderamente una ducha caliente, reparadora y balsámica para mí, lo justo y necesario para darle aliento a esta última semana en mis poblados.

Después de la escuela me escapé a Trier. Hoy se inició el Weihnachtsmarkt o mercado de navidad. Me tomé un Glühwein (vino caliente con especias y frutas) calientito, que por cierto fue invitación del paisano orureño con el que finalmente pude encontrarme hoy y ahora me dispongo a esperar el martes que después se convertirá en miércoles y así sucesivamente. 

20 de noviembre de 2015

Aprendiendo a enseñar 10: Inglés como lengua extranjera



Viernes. Hoy cumplo catorce días laborales en la primaria del Bosquecillo de los Robles en Alemania. Mi cálculo global indica que he pasado ya unas 80 horas compartiendo con colegas, educadoras y alumnos en la escuela. A la fecha he pasado un día completo de clases con cada uno de los cursos de la primaria; seis en total. En algunos casos he pasado más tiempo, en el cuarto grado por ejemplo. He impartido hasta ahora cuatro clases de Landeskunde sobre Bolivia y ocho clases de español. Mis ansias de volver no tienen cálculo posible.

Esta mañana la oscuridad era plena cuando salimos de casa de Christiane para ir al colegio. La lluvia fue persistente durante todo el día, así que los niños tuvieron que apegarse a la Regenpause (recreo de lluvia) y permanecer en sus aulas durante 20 largos minutos. 

Hoy enfoqué mis observaciones de campo en las clases de inglés como lengua extranjera. En Alemania los niños aprenden inglés como lengua extranjera desde el primer grado, por lo menos en la mayoría de las escuelas públicas. En la primaria am Eichenhain las clases de inglés se imparten solo una vez a la semana, lo cual –según Christiane, du directora–, es muy poco para poder aprender una lengua extranjera de manera aceptable. Comparto el criterio. Las profesoras que dan inglés son también las jefas de curso, y en el caso de Christiane, ella da clases de inglés en su curso y en el segundo grado. En las clases que ví hoy pude identificarme bastante con la metodología que se utiliza y definitivamente estas horas de idioma son mucho más dinámicas que las clases de otras materias. Como lo escribí hace un par de días, habrá que probar con otras materias. Hasta ahora mi experiencia docente a abarcado el área de la enseñanza del alemán o del español como lenguas extranjeras.

De vuelta en casa esperaba poderme encontrar con un paisano orureño con el que había quedado ayer para hoy, lastimosamente no se pudo, pero de todas maneras disfruté de los waffles calientitos y sabrosos que hizo Christiane para la hora del té. Más tarde habrá pizza hecha también por ella, desde la masa y entre tanto he colgado ya mi ropa recién lavada, le he mostrado unos cuantos pasos de tango a la sonriente Christiane y sigo intentando inventar un atuendo para mañana en la noche, puesto que mis anfitriones me invitaron a una gala (no dejarse obnubilar por la palabra) de baile en Trier, la ciudad más „grande“ y cercana a Salmtal. Veremos. 



Solución: Trigo (Weizen), centeno (Roggen), cebada (Gerste), Avena (Hafer).





Otras voces y palabras

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