30 de septiembre de 2011

¡Taxiii, taxiii!

Algunas definiciones imprescindibles para leer lo que sigue:

Taxi: “El taxi es un vehículo de alquiler con conductor (taxista) que se utiliza en el servicio de transporte de uno o un grupo pequeño de pasajeros por contrato. Usualmente, en modos de transporte público, los lugares donde se recoge y se deja al pasajero se deciden por el proveedor (oferente), mientras que en el caso del taxi, el usuario (demandante) los determina. Es decir, a diferencia de los otros tipos de transporte público, como son las líneas del metro, tranvía o del autobús, el servicio ofrecido por el taxi se caracteriza por ser puerta a puerta. La palabra «Taxi», según el Diccionario de la Real Academia Española, es una forma abreviada de la palabra «taxímetro», que a su vez deriva del griego τάξις, «tasa» y el griego μέτρον, que significa «medida».

Foto: Martín Sánchez

Si alguien cree que ser taxista es fácil, pues se equivoca rotundamente. Ser taxista es el oficio más difícil y sacrificado del mundo. Ojo, que yo me refiero a los taxistas de verdad, a esos que recorren las arterias de las ciudades sin sistema de radio de  por medio, sin llamada, sin centrales, sin idiomas raros (QRH positivo, me dirijo al lugar), sin dirección previamente acordada. Yo me refiero a los abnegados sicarios… ¡perdón! conductores que día a día se mueven en sus motorizados transportando a la gente que necesita llegar con cierta premura a un destino determinado. 

Para ser más exacta, me refiero a los taxistas de la urbe paceña, esos que llevan pasajeros solamente adonde se les pega la regalada gana. ¿Creen que exagero? He aquí una breve lista de consejitos para quienes se animen a viajar en taxi en la sede de gobierno de Bolivia.

Para comenzar, usted hace parar un taxi, ni se le ocurra subir sin preguntar primero al amable conductor si puede llevarlo o no. ¿No le parece de lo más original? ¿O creía usted que el taxi está a su disposición? Puede que esto no ocurra en ninguna otra parte del planeta, así que ¡disfrútelo!

Una vez que pregunte, tendrá usted que esperar –pese a toda la prisa que lleve– la reacción del taxista a quien no le hace falta un GPS ni un mapa para orientarse a la velocidad de un rayo. Envidiable, ¿no le parece? Después de una corta mirada a los ojos, puede que el taxista ladee la cabeza ya sin mirarlo –y esto es una señal inequívoca de que ha tenido usted pésima suerte– y le responda: “Uh, no, estoy yendo a otro lado” (un taxista que sabe adónde quiere ir, un taxista con personalidad infranqueable, ¡bravo!) o “No se puede, hay trancadera” (un conductor que además le está ofreciendo valiosísima información sobre la situación del tráfico vehicular a esa hora, ¡agradézcaselo!), o (mueca de dolor supremo de por medio) “No, muy arriba” (un chofer modesto al que no le gustan las alturas, por favor ¡admírelo!). En el peor de los casos, el señor conductor pisará el acelerador sin siquiera mirarlo y lo dejará con los crespos hechos, las prisas a flor de piel y los improperios tropezándose en la punta de su lengua. Si resulta que usted ha dado en el blanco y coincide con la regalada gana del conductor, el taxista le dirá diligente: “Pase, pase nomás”. ¡Albricias! 

Una vez en el taxi y camino a su destino, usted tiene dos o hasta tres posibilidades de comunicación con el taxista. Puede que le toque un hombre dicharachero y bonachón que le cuente hasta el último detalle de su vida y la de su mujer, y que se despida de usted regalándole una estampita del Sagrado Corazón y ofreciéndole la divina bendición (sé que existen, doy fe). O puede que le toque la reencarnación barbuda del ermitaño de las montañas, ese que no emite más que gruñidos y le extiende la mano una cuadra antes de su destino con tal de que usted no se baje sin pagarle lo que se merece (también doy fe). O la tercera variante, el conductor que después de haberle dado permiso de subir a su supercoche, indaga con mayor interés sobre las coordenadas de su destino y a menos de una cuadra, frena y rapidito le pide que desaloje su bólido porque resulta que la dirección no es de su total agrado ni conveniencia (doy fe).

Ahora bien, cuando llega el momento de pagar, observe usted que si le paga al conductor una carrera de 3 Bs con un billete de 20 Bs, estará metiéndose en mayúsculo lío. El taxista le increpará la falta de delicadeza que tuvo usted al no preguntar antes de subir si habría cambio de 20. ¿Qué le parece? Por eso tome en cuenta este sabio consejo. Tome un taxi cuando NO lo necesite y antes de subirse, pregúntele al taxista sin reparo alguno: “Buenas, maestrito. ¿Adónde quisiera llevarme?”

26 de septiembre de 2011

Pachamama desordenada

¿Sabe usted qué fue el paro cívico de los corajudos citadinos paceños el pasado 16 de septiembre? Un disparo silencioso que resuena todavía en las orejas de muchos sordos. Pero el problema no está sólo en los sordos, ni en los difusos límites municipales, ni en el absurdo político de los oficialistas de Palca, Achocalla y Mallasa, que intentaron tomar las subalcaldías de Obrajes, Mallasa, Hampaturi y Zongo. El problema de fondo radica en el desorden en el que hemos sumergido a la Pachamama, o dicho de otra manera, la gran materia pendiente -entre muchas otras en Bolivia- sigue siendo el ordenamiento territorial. La tierra que habitamos requiere de un orden, en todos los sentidos, eso está claro, pero literalmente hablando requiere también de un orden territorial.

Los técnicos y desarrollistas bolivianos de la década de los 90 definieron el ordenamiento territorial como un proceso de organización del uso y la ocupación del territorio, en función de sus características biofísicas, socioeconómicas, culturales y político-institucionales. Un proceso que debería permitir identificar las potencialidades y limitaciones del territorio nacional, departamental o municipal sobre la base de sus características ambientales, socioeconómicas, culturales y político-institucionales. Se trata, para decirlo de una forma más amigable y menos técnica, de una herramienta que busca el equilibrio entre el hombre y el medio ambiente, significa por ejemplo no construir carreteras en áreas protegidas ni en reservas ecológicas y respetar (democráticamente) ciertos límites municipales.

El ordenamiento territorial surgió en Bolivia a partir de los denominados proyectos de zonificación de tierras en la Amazonia boliviana realizados en 1991 a través de la cooperación internacional alemana y holandesa, en coordinación con las prefecturas (ahora gobernaciones) de Santa Cruz y Pando. En lo que a nuestra maltrecha Pachamama se refiere, el ordenamiento territorial está fuertemente vinculado a nuestro carácter multicultural y se refleja, por ejemplo, en la declaratoria del Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro-Sécure (TIPNIS) como parque nacional (reserva natural, 1965) y territorio indígena en 1990; y debería reflejarse también en una clara definición de límites intermunicipales' si es que realmente el ordenamiento territorial fuera una preocupación genuina.

Si bien la inclusión de la temática del ordenamiento territorial en la nueva Constitución del Estado Plurinacional (artículo 402) fue considerada por muchos de los nostálgicos y ahora desempleados técnicos de los 90 como un avance significativo en dicha área, la aprobación de una ley que sustente los principios del ordenamiento territorial en Bolivia está pendiente todavía y se convierte día a día en un verdadero desafío, más aún ahora que las condiciones de respeto a la Pachamama dependen del humor de la hipocresía de turno.

Pero volvamos a lo que realmente es, a lo que el ciudadano de a pie tiene que vivir cotidianamente en este desordenado territorio nacional. Recordemos el cabildo que organizaron los vecinos de Palca, Achocalla y Mallasa y a través del que conminaron, sin criterio alguno, a retirar –en un plazo de 48 horas– a las subalcaldías de Mecapaca, Palca y Achocalla, “que corresponden a la Alcaldía de La Paz y que se encuentran dentro de lo que consideran sus territorios ancestrales”. Habría que preguntarse cuáles fueron las verdaderas intenciones para tan desgarradora defensa de la tierra municipal y cuán eficiente habría sido que los invasores paceños desalojaran sus oficinas ediles para dar gusto a los invadidos.

Retornemos al implacable paro cívico que los paceños protagonizaron en defensa de su territorio municipal durante las semanas pasadas y pensemos en el éxito rotundo de la medida y en lo productiva que sería si se aplicara a la limpieza y al ordenamiento del tráfico vehicular en las arterias de la sede de Gobierno.

Mantengámonos alerta frente al abuso que están sufriendo los indígenas del oriente boliviano que marchan desde hace más de un mes por defender su territorio y en lo ilógico que suena contar con un Primer Mandatario indígena e indigenista. ¡Qué cansada estará la Pachamama de este trajín infinito! ¡Pobre reina destronada, ensalzada cuando conviene, manoseada, destruida, insultada! ¡Pobre Pachamama desordenada!

Artículo publicado en Página Siete (26/09/2011)

13 de septiembre de 2011

El TIPNIS y la grotesca desnudez de la mentira

No sé qué es más indignante, si el tono de soberbia que emplean los ministros de Estado para ningunear a los indígenas del oriente a los que han convertido en monstruosos entes dependientes del imperialismo yanqui (vía teléfono), o la incompetencia voluntaria y absoluta del Gobierno para solucionar un conflicto que podría reeditar las aciagas consecuencias del octubre negro de 2003. ¿Exagero? ¡Ojalá!

La ceguera, la necedad y la tozudez son los ingredientes que a nadie le hacen falta si en verdad existiera una auténtica voluntad de diálogo. Y dialogar significa en primer lugar aprender a escuchar el mensaje del emisor, ubicarse en un contexto de cierto equilibrio comunicativo y en el caso concreto del Estado Plurinacional, apelar a su propio discurso en defensa de los indígenas marginados de este país.

Si regresamos a la foja cero de la polémica que ha desatado la construcción del Tramo II de la carretera Villa Tunari-San Ignacio de Moxos, nos encontramos ante un conflicto medioambiental e intercultural que dado el contexto indigenista y (pseudo) socialista del Gobierno del Estado Plurinacional de Bolivia, podría haberse resuelto –quizás– con una primera y obligatoria visita del Jefe de Estado a la zona en cuestión, pero no, ese gesto de mínimo respeto y de reconocimiento de una preocupación regional legítima estuvo ausente desde el principio. En su lugar, el Presidente ha afirmado que los marchistas parecen turistas y que, al parecer, las lujosas condiciones en las que marchan (carpas modernas y automóviles a disposición de los marchistas), desacreditan cualquier demanda. ¿Es que se ha olvidado Evo Morales Ayma que hasta hace menos de una década eran unas abarcas de caucho las que cubrían sus pies? Una consulta previa a los habitantes del TIPNIS sobre la construcción de la carretera a estas alturas de la marcha, es tanto una burla como un chiste de muy mal gusto. Es tanto como pretender hornear la torta y después ocuparse de reunir los ingredientes necesarios para prepararla.

Ahora resulta que a casi un mes de conflicto, el TIPNIS no es la reserva ecológica que muchos creemos, se trata de un lugar infestado de traficantes de madera y de productores de hoja de coca; ¿qué más da una carretera que cercene el corazón del TIPNIS si ya está siendo destruida por sus propios habitantes? Resulta además, que los indígenas no son lo suficientemente insignificantes como para que nos lamentemos de su suerte, puesto que hasta el Imperio se preocupa por ellos al igual que las ONG; que marchen entonces hasta el fin del mundo tomándose fotografías al mejor estilo nipón.

Resulta que el incomprendido Gobierno quiere construir una “carretera diferente”, ecológica y medioambiental como pretende hacernos creer la viceministra de Medioambiente, Cinthia Silva. Resulta también que, según afirma Roberto Coraite, ejecutivo de la Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia (CSUTCB), la construcción de la bondadosa carretera busca evitar que los indígenas del TIPNIS sigan viviendo “como salvajes”.

Entonces me pregunto, ¿de qué descolonización habla el Gobierno? ¿A qué Pachamama se defiende? ¿Cuáles son los territorios sagrados que se deben proteger para seguir apareciendo ante el mundo como un Estado Plurinacional y autóctono? ¿Cuáles aquellos que hay que infestar de carreteras para evitar que los indígenas dejen de andar con taparrabos y comer pescado crudo?

El TIPNIS y la complejidad de su actual situación han dejado al desnudo la grotesca imagen del indígena que se devora sus propias entrañas y que no conforme con eso, busca el enfrentamiento entre sus propias células. Ojalá que el fracaso del diálogo en San Borja no signifique la tragedia de Yucumo. Y que quede claro y sin lugar a ninguna duda: la carretera se construye atravesando el TIPNIS, nos guste o no; porque ésa es la democracia del siglo XXI.

Columna publicada en Página Siete (13/09/2011)

4 de septiembre de 2011

La metamorfosis de la calle

Se esfumó. Se esfumó nomás el „silencio“ con el que empezó este (Medio)Día del Peatón, por lo menos en el centro de La Paz. Fue lindo –y único– escuchar a los pajaritos que revolotean la cabeza de Doña Isabel La Católica y el repicar de las campanas de quién sabe qué iglesia del barrio. Cero bocinazos, cero estrés, nada de proferir mensajes de grueso calibre a los sicarios del volante que día a día nos ponen las pelos de punta: “¡Está en rojo, imbécil!” Nada de volverse tuerto con un ojo en el semáforo y otro en la calzada.




La metamorfosis de las calles debería repetirse con más frecuencia, unas dos o tres veces al año (como en Cochabamba), ¡claro que sí! El peatón se lo merece, especialmente en una ciudad como La Paz, en la que el tráfico es un monstruo caprichoso e inaudito. Los pocos autos que circularon –quién sabe porqué oscuras razones– respetaron al peatón, condujeron con los ojos bien abiertos, de puntillas sobre el acelerador. Esas calles que en su cotidiano vivir se arropan de peligros y motores gruñones, se entregaron contentas a los inofensivos pies de los transeúntes y a las ruedas de bicicletas, triciclos y patinetas. El sol no sólo fue cómplice, sino también un abierto partidario de este domingo tranquilo. Las esquinas del terror se convirtieron en magníficos campos de fútbol y los “rompemuelles” de bolas amarillas tentaron sin remedio a más de un equilibrista urbano e improvisado. 


Cuando sea alcaldesa voy a declarar la Av. Arce peatonal ;)


Pero mañana es lunes otra vez y no estaría de más que los peatones nos sumemos a la entregada labor de las Cebras paceñas de las esquinas y nos re-eduquemos como viajeros ocasionales del transporte público. Para comenzar suprimiendo frases tales como ¿puedo aprovechar maestro?, ¿puedo ir paradito?, ¿puedo bajar por la izquierda? En lugar de ello, deberíamos velar por nuestra propia seguridad y exigir por ejemplo, bajar siempre donde corresponde, es decir en esos lugares poco conocidos llamados paradas.

Si de algo sirve una conclusión, pues queda la sensación de que los peatones poco o nada aprovechamos de la ciudad como espacio de tiempo libre y ocio y que son los automóviles -del transporte público y los privados- los que nos tienen a su merced, no sólo en las calles, sino también en nuestras casas, porque el ruido que provocan es definitivamente infernal.

Hasta la marcha en favor del TIPNIS quer recorrió ayer el corazón de La Paz con casi un centenar de seguidores no causó molestia alguna, precisamente porque la ciudad le perteneció por algunas horas al ciudadano de a pie.

Otras voces y palabras

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