25 de febrero de 2009

¡Helau, Helau!


Martes de carnaval, 9:11 am. En Bolivia ha pasado ya el feliz jolgorio del carnaval, mis compatriotas se desperezan de la fiesta, algunos de ellos todavía no dando crédito a lo que sus ojos admiraron en la Capital del Folklore del país. Martes de ch´alla, estarán reventando los primeros cohetillos y cayendo de las copas las primeras gotas de coctelito para agasajar a la Pachamama.

Martes de carnaval, 14:11 pm. En Karlsruhe, Alemania se inicia el desfile de carnaval que –a nuestra manera- puede describirse más como una farándula callejera que como una entrada de carnaval. Las asociaciones carnavaleras –que podrían entenderse como nuestros conjuntos folclóricos- se suman al desfile con carros alegóricos de grandes dimensiones y en los que se han instalado equipos de música de potentes altavoces a cuyo paso amenizan el desfile con melodías que van desde las más típicas alemanas hasta las más modernas y pegajosas. Los miembros de dichas asociaciones llevan disfraces –que por supuesto nada tienen que ver con los soberbios trajes de carnaval de Oruro- y los rostros pintados particularmente de bufones, arlequines o de brujas . Apostados en los amplios transportes que recorren las calles van ofreciendo al público caramelos y chocolates que lanzan a quemarropa y a manos llenas durante todo el recorrido. Al soberano grito de ¡Helau, Helau! los participantes del desfile saludan a la gente con las manos, bailando y echando mixtura. Helau es el término que se conoce en estas latitudes nórdicas como el grito de guerra del bufón o el saludo carnavalero del mismo personaje.


Las bandas de música “marchan” al compás de sus sones y los músicos igualan el paso trajeados de caballeros antiguos, con capa, sombrero, bombacho y calzón largo. Aquí las feroces coreografías de las bandas de Oruro o las platilleras en minifalda son espectáculos inimaginables.


Las comparsas de a pie no entran con banda, entran caminando a paso cansino, saludando a la gente y bromeando a los niños.

El público que no tiene necesidad de sentarse en graderías ni de reservar lugares con chompas (suéteres), mantas o sillas, ya que el desfile dura sólo dos horas, también se disfraza y se maquilla el rostro, especialmente los niños que al final del desfile terminan con una gran bolsa de dulces y chocolates.


Al cabo de dos horas de “farándula” la temperatura ha descendido un poco, quizás hasta los seis grados. Sí, ¡seis grados! A finales de febrero que es lo mismo que decir a mediados del invierno esa temperatura es todavía para congelarse.

Tras el último camión carnavalero y los últimos disfrazados comienza para los no lugareños provenientes de países en vías de desarrollo otro espectáculo digno de contar. Inmensos camiones de limpieza de color naranja van barriendo las calles del desfile asegurándose de que no quede ningún resto de carnaval. Y así, al paso de las tremendas maquinarias de limpieza, ¡colorín colorado el carnaval alemán bien limpiecito se ha terminado!









9 de febrero de 2009

Desempolvando recuerdos de carnaval...

De mañanita la despertó la emoción. El corazón le bailaba casi textualmente. Se asomó a la ventana y levantó la cortina esperando ver un día radiante y lleno de sol, sin embargo no fue así, el cielo estaba manchado de nubes grises y regordetas y de a jirones muy delgados se distinguía un azul sin igual. Cerró los ojos y juntó las manos sobre el pecho, le rogaba a la Virgen que no lloviera ni una gota.

Después del ruego comenzó la transformación. Sus largos cabellos se sujetaron en dos gruesas trenzas que le caían hasta la mitad de la espalda, espesas como negras se veían hermosas sobre su cuerpo desnudo.

Calzó en sus pies un par de botas oscuras de terciopelo y sobre ellas sobresalían las facciones de una colorida serpiente, de boca viva dispuesta a devorar su propia cola.

Sobre sus caderas se deslizó una pollera colorada y llena de lentejuelas brillantes y nacaradas y en su cuerpo una blusa escotada que le marcaba la silueta con toda perfección. Con las manos en la cintura se miró al espejo de pies a cabeza hasta que se topó con sus propios ojos, en ellos comenzaron a crecer unas enormes y gruesas pestañas negras. Las pupilas se le fueron dilatando cada vez más hasta tomar un tamaño descomunal y sobre la frente le nacieron un par de turgentes astas que adornó con serpentinas y globos de carnaval.

Salió del averno y tomó la calle principal mientras derramaba aromas y colores excitantes que fueron llamando la atención de todos los transeúntes que volteaban al verla pasar. El viento que corría de norte a sur venía mezclado de melodías alegres algunas y cadenciosas otras. En medio de aquella algarabía caminaba ella con aire de arrogancia y coquetería.

El choque de las espuelas le anunciaron que el momento había llegado. La banda comenzó a sonar con poderosos acordes y aquella tropa de diabólicos bailarines empezaba ya a saltar en medio de gritos. La china supay se sumó pronto al éxtasis. A lo largo de interminables calles los diablos continuaban al mando del ángel Miguel, batiendo pañuelos al aire…

A medida que pasaba el maravilloso desfile, en el cielo se fue abriendo espacio entre las celosas nubes el astro rey.

Varias horas después, cuando ya muchas veces el cansancio había cedido ante la agitación y la alegría desenfrenada, surgió en medio de aquella colina el sitio final. De rodillas ante la Mamita del Socavón, los diablos se convierten en hombres y en mujeres las china supays, sus rostros se cubren de llanto y de emoción sus corazones. La peregrinación ha concluido y ante el altar queda la promesa de continuar un año más, dos, tres, cuatro, treinta, los que la Virgen decida y permita, devotos de la fe y seguros de la bendición de la Patrona de Oruro.

A vuestros pies Madre…

Otras voces y palabras

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