6 de noviembre de 2010

Rebelión ortográfica


La Real Academia de la Lengua Española y toda la rimbombancia de su nombre han anunciado hace un par de días que en diciembre próximo se publicará la nueva edición de la obra Ortografía de la lengua española y cuya última versión data de 1999. Al mismo tiempo han hecho conocer algunas de las novedades polémicas que esta obra contiene, por ejemplo la letra "y" ya no se llamará "i griega" sino "ye", las palabras guión y truhán dejarán de llevar tilde y las letras "ch" y "ll" ya no serán consideradas oficialmente como letras del alfabeto.
Según “loz rezponzablez” de la publicación y elaboración de la obra, “la nueva Ortografía es un proyecto ambicioso, resultado de una larga experiencia y fruto de reflexiones sobre sus fundamentos teóricos”. Dicen además, que se trata de una ortografía razonada, amplia y exhaustiva, coherente, simple, moderna y panhispánica. Me pregunto para comenzar, qué de ambicioso tendrá la decapitación de acentos y la tala indiscriminada de guiones. Pues bien, he aquí un par de argumentos para saborear esta tortilla de maravillas ortográficas.
¿Solo solo o solo sólo?
Lo único que diferencia a un militante de la soledad de uno que no lo es por tratarse de un adverbio abreviado, es la tilde. ¿Qué tal si nos agarra la musa y nos largamos a escribir algo como esto?: El amante bohemio y alcohólico empedernido estuvo solo solo esa noche. Escrito así, nunca sabremos si el/la escritor/a quiso enfatizar el estado de soledad del amante o si por el contrario, se refería a que aquel amante se quedó solo solamente esa noche.    
¿Cómo hacer ahora para identificar a un truhán si no tiene el acento que lo identifica? Y si de todas maneras da lo mismo escribir la palabra con o sin acento, ¿por qué mejor no le quitan de una vez el derecho a enmudecer amputándole la hache?: truanes. Y ¿qué de moderno tiene intercambiar la “q”, la “k” y la “c” en Iraq y Qatar? Si de establecer unidad lingüística se tratase, se podría haber determinado que ambos nombres propios se escribieron con “k” o con “c” (Irac y Catar o Irak y Katar). Que la palabra guión deje de llevar tilde me parece también una absurda aberración y una invitación a la flojera ortográfica que ya se practica sin desparpajo ni pudor alguno gracias a la era de las comunicaciones virtuales.
Aunque lo he intentado, tampoco entiendo por qué las preposiciones “ex”, “anti” y “pro” dejan de serlo para convertise en prefijos... ¡menuda ridiculez con aires de grandeza y sesuda intelectualidad ortográfica! ¿Será que ahora un exmarido pasará desapercibido por no cargar a cuestas el motivo de su separación? ¡Qué despelote! Ex-marido sin guión y guion –pobrecito–, despojado de su acento.
Rebelde y contumaz
Que la “realeza” y toda su lengua me disculpen o no, me da igual. A partir de la fecha me declaro rebelde ortográfica y mi campaña comienza hoy con toda la artillería abecedaria digna de un crucigrama gigante. Así que declaro, que a mis alumnos/as de castellano continuaré enseñándoles que la “y” se llama “i griega” y que por preciosas razones de desarrollo intercultural lingüístico, la “b” puede llamarse “be alta”, “be grande” o “be labial”, mientras que su colega, “la petisa”, es también conocida como “ve chica” o “ve dentilabial”. (¿Qué de panhispánico tiene llamarlas como lo hacen sólo en España?).
¡Qué gusto saber que pese a los rimbombantes, la lengua castellana o española no es sólo una y que la interculturalidad que la envuelve la hace tan especial y cantarina; romántica y bonachona; elegante, diversa y maravillosa.

(Nota de opinión publicada en www.letralia.com y en el suplemento Fondo Negro del periódico La Prensa (Bolivia), edición del 21/11/2010.
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