30 de diciembre de 2014

2015, ¿qué me tienes?





38507. Yo tenía el 38347, es decir que no le pegué al “gordo” de la lotería, pero me gané, osea que recuperé, los 50 bolivianos que invertí en mi billete. Nada mal para ser la primera vez que “empato” con este tipo de sorteos: 50 Bs a 50 Bs. Quizás tuve suerte, un poquito. Pero creo que suerte he tenido durante todo el año: un día me encontré un billete de diez Euros tirado en la calle, otro día fueron 150 bolivianos. Con frecuencia tuve la “suerte” de encontrarme moneditas de todo corte en los lugares más usuales: el piso, las bancas de la plaza, los asientos del taxi, etc. Lo mejor ha sido encontrar mi propio dinero en los bolsillos de mis chamarras o pantalones, aun siendo míos, fue una alegría “recuperarlos” justo cuando más los necesitaba.

Así me revolotea la última hora de este año en los recuerdos de la suerte o la poca suerte que tuve durante este 2014. Lo cierto es que: amo los chocolates, el tostado de haba, el ceviche y la crema chantilly. Los sábados en la tarde se hicieron mis favoritos. Leí solo seis de los doce libros que me había propuesto al comenzar este año: uno por mes. Es muy probable que el 2015 me pille leyendo el séptimo: Hablar con los perros de Wilmer Urrelo. Escribí menos de lo que hubiese querido, aunque ganas e impulsos no me faltaron y no quiero echarle la culpa a nada ni a nadie, ha sido mi pura (ir)responsabilidad. Después de años de férrea resistencia, acepté ir de campamento a Los Yungas, a Coroico y me gustaría volver. Desempolvé amistades de la infancia y de la juventud. Conocí historias tristes y finales felices. Pasé, pasamos en realidad, horas y horas y horas apoyando a mis hijos en su aprendizaje de piano y violín. Nuestro 2014 ha sido un hermosísimo e intenso pentagrama.

Este año no celebré mi cumpleaños, pero sonreí por el maravilloso regalo de la vida y de la fe. Comprobé que orar tiene un poder inigualable. Faltando poco para comenzar a respirar aires de fin de año perpetré radical corte de cabello y me declaro una feliz reincidente del “delito”. Disfruté a carcajada compartida de mi serie favorita “Friends”. Recuperé mi pasión por los aretes y anoté todos los acontecimientos de este año en una agenda de mariposa con hojas de papel. Tejí flores de lana, cosí un muñeco de nieve y hasta remendé. Proferí regaños y me perdí en apapachos, huí de la lluvia y sigo teniendo ganas de bailar. Y aquí termina este desordenado e incompleto archivo de recuerdos. Chau Chespirito, chau Gabo, chau 2014. 2015, ¿qué me tienes?, porque yo vengo sedienta de sorpresas, cargada de sonrisas, sueños y colores.

13 de octubre de 2014

Mis apuntes postelectorales


Nos gusta jugar con el „que hubiese pasado si...”. Lo cierto es que no pasó y un (hasta ahora presunto) 60% lo demuestra. La sopresa con la que tanto se llenó la boca Jorge Quiroga la dio al final de cuentas el Partido Verde de Fernando Vargas y Margot Soria. Los verdes desahuciaron así también a los sin miedo en un carrera electoral que, aunque pequeña, es carrera al fin. Un minúsculo poder verde germina. Así empezó hace casi 15 años un minúsculo poder cocalero y ya estamos viendo sus frutos. Sabremos esperar.

Nos tienta decir que lo hizo de mala fe. Que la aparición de Quiroga con su disparatada candidatura a pocos días del cierre de inscripción de siglas y candidatos terminó por deformar la ya malformada oposición. Al MAS le quedan ahora cinco años por delante, cinco años más. La buena hada Flora le desearía que deje el papel de verdugo, de ególatra y que desempolve las abarcas de caucho que el cocalero hacia rechinar cuando caminaba por los pasillos del parlamento. Pero la buena hada Flora no existe más que en los cuentos de hadas y este es un país de más de 10 millones de habitantes de carne, hueso y realidad.


Para la oposición es un lustro que debería asumir como una oportunidad de oro para reinventarse. Juan del Granado ha dado el primer paso, ha anunciado su retiro de las lides electorales. Afirma que el Movimiento Sin Miedo no es un proyecto electoral sino un proyecto de país y que es hora de dar lugar a nuevos liderazgos. Hemos aprendido la lección, la durísima lección que los viejos estructuralistas MNR, MIR y ADN se negaron a asumir. 


Nos gustaría una oposición que nos ilusione, que nos haga pensar que de verdad hay una esperanza. Por lo menos nos gustaría una oposición unida, que fiscalice, que controle, que proponga, que nos enamore. No es poco lo que alcanzó Samuel Doria Medina, pero tampoco es suficiente y está visto que con carajos incluidos y frases de #hashtag no va a poder llegar muy lejos. Lo que todos sus millones siguen sin conseguir, es sentarlo en la silla que ahora ocupará por tercera vez consecutiva Evo Morales. 


El voto del Beni fue digno. No podíamos esperar otra actitud después de lo que este gobierno le hizo. El voto de Santa Cruz fue pragmático, no jugaron ningún papel ni los principios ni los dramas. En el resto del país, el voto era lo que se esperaba, lo que el partido de gobierno esperaba y a lo que apuntó durante toda su campaña.


También nos toca reinventarnos como ciudadanos y ciudadanas, especialmente aquell@s que ya no tienen más vestiduras que rasgarse. La vida continua, Bolivia sigue y nuestras cotidianas luchas no se detendrán.

12 de octubre de 2014

Voto migrante



Permanece el recuerdo indeleble. Una fría noche de diciembre del año 2005 regresé a mi casa en Karlsruhe-Alemania después de haber ido al cine con unos amigos. Era casi medianoche y sin embargo tomé el teléfono y llamé a Bolivia para hablar con mi mamá. No podía creer lo que me decía, Evo Morales había ganado las elecciones generales de aquel año con más del 50% de los votos. Por entonces se trataba solamente de los votos de l@s compatriotas dentro de las fronteras bolivianas. Hace casi diez años que el voto en el exterior no era más que una discusión política sin asidero en la realidad.

Durante muchos años me tocó ver la realidad de mi país desde el exterior, en varias oportunidades no emití voto alguno por encontrarme lejos, muy lejos, y es por esta y otras razones que aprecio el esfuerzo que se ha hecho para permitir que l@s bolivian@s que se encuentran fuera del país puedan participar de esta justa electoral a través de su voto. Seguro será en un proceso que no se salvará de las críticas ni de las denuncias de irregularidades; no habrá sido fácil organizar estas elecciones en otros países (33 al margen de Bolivia); sin embargo se está haciendo, se está recuperando al migrante boliviano en su calidad de elector, se le está dando un lugar en la democracia, y de alguna u otra manera, se están acortando ciertas distancias que suelen pesar.

La flamante y joven Premio Nobel del La Paz, Malala Yousafzai mencionó durante una entrevista ofrecida en un programa de televisión estadounidense, que “no sabemos la importancia de algo, hasta que nos lo quitan”, ella se refería a la educación. Algo parecido sucede con el voto en el exterior: no sabemos la importancia de éste, hasta que podemos ejercerlo. A 32 años de vida democrática en Bolivia, me parece que el voto en el exterior es uno de los mejores reconocimientos que se le puede hacer.

Hoy voy a votar. No votaré por quien hubiese votado hace 9 años, pero votaré porque es mi derecho y mi obligación.

14 de agosto de 2014

REgaLOJ



Mi flamante 8añero luce con orgullo su reloj nuevo. Todavía le hace falta práctica para cerrar la hebilla, pero ya está más ducho en leer la hora. El reloj le ha dado otra perspectiva a su corta existencia. Esta mañana iba calculando cuántos minutos de viaje llevábamos en la góndola escolar y se sorprendió mucho cuando por primera vez se percató de que viajamos por más de media hora hasta llegar al colegio. Y allí, en ese mismo instante, la cabeza se me llenó de Córtazar y su Preámbulo a las instrucciones para dar cuerda al reloj:

“Piensa en esto: cuando te regalan un reloj te regalan un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire. No te dan solamente el reloj, que los cumplas muy felices y esperamos que te dure porque es de buena marca, suizo con áncora de rubíes; no te regalan solamente ese menudo picapedrero que te atarás a la muñeca y pasearás contigo. Te regalan -no lo saben, lo terrible es que no lo saben-, te regalan un nuevo pedazo frágil y precario de ti mismo, algo que es tuyo pero no es tu cuerpo, que hay que atar a tu cuerpo con su correa como un bracito desesperado colgándose de tu muñeca. Te regalan la necesidad de darle cuerda todos los días, la obligación de darle cuerda para que siga siendo un reloj; te regalan la obsesión de atender a la hora exacta en las vitrinas de las joyerías, en el anuncio por la radio, en el servicio telefónico. Te regalan el miedo de perderlo, de que te lo roben, de que se te caiga al suelo y se rompa. Te regalan su marca, y la seguridad de que es una marca mejor que las otras, te regalan la tendencia de comparar tu reloj con los demás relojes. No te regalan un reloj, tú eres el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del reloj.”

Bueno, a lo hecho, pecho. Cortázar, eres un MAESTRO.

12 de agosto de 2014

Camilocho



Con sus bracitos extendidos hacia arriba y sus piernitas regordetas se acercaba hasta el modular de la sala-comedor-escritorio-habitación de huéspedes que teníamos en Alemania y repetía sin cesar “micana, micana, micana”. Yo lo miraba extrañada sin saber a qué se refería y aunque le preguntaba qué quería, él solo repetía “micana, micana, micana”. Fue quizás su segunda palabra, no tenía ni siquiera dos años y ya mostraba toda su intensidad a menos de un metro del piso. Cuando finalmente logré entender lo que quería, se iluminaron sus cachetes y sus ojazos y la “micana” comenzó a sonar desde la radiograbadora que yacía silenciosa en lo más alto del estante. Mi hombrecito mayor está a punto de cumplir ocho años, ese número que me sacude todos los recuerdos y una que otra impertinente lágrima de madre. Ya no son siete, son ocho, la plenitud de su niñez. 

A los tres años de edad, el 7añero de hoy dormía rodeado de un séquito de muñequitos, pelotas de colores y juguetitos. Uno de ellos, el más querido, era un pequeño “Lightning McQueen” que vibraba divertido cuando se le estiraba la tira que traía en la parte trasera y que en casa era comúnmente conocido como “ato-tele” (el auto de la tele). Que mi hijo se viniera por las noches a nuestra cama era un trabajoso traslado. Había que cargar todos los juguetes que custodiaban su sueño y acomodarlos para que los tres (o los doce) pudiéramos seguir durmiendo. Ahora no hace falta el séquito, se viene solo y se expande en la cama con brazos y piernas sin percatarse de los puñetazos y las patadas que propina a los durmientes de su cama ajena. 

Le gustan las matemáticas, le fascina el fútbol, la bici (aprendió a los tres), escribe cuentos, pelea con su hermanito, toca el piano, quiere aprender guitarra, me abraza y constantemente me pide “una sonrisita” (especialmente cuando me toca el papel de bruja sin escoba); por ahora anda melenudo, con los dientes de conejo a medio crecer, flacucho y torbellino. Atrás quedaron los minutos en los que acostado en su cobijita me dejaba tomar una taza de té y comer un pedazo de pastel durante las reuniones de los viernes con mis amigas-mamás en Alemania, era el único que podía pasarse toda la tarde sin dar trabajo. Mi hombrecito se ha convertido también en un hermano mayor no sólo cariñoso, sino que cuenta también con todas las características de uno: defensor de su propiedad privada y usurpador de la tranquilidad de su hermanito con los típicos: “Te lo dije”, “¿Ves?” y “Fue sin querer”. Mi hombrecito es además, una maquinita de preguntar y de argumentar cuando se trata de discutir con sus padres. El “pero mami” o el “pero papi” vienen seguidos de una interminable retahíla de ideas. Hay preguntas que no sé cómo contestar y argumentos que horas más tarde me ponen a pensar. 

Hijito, tus 3.880 gramos con los que viniste al mundo se han convertido en 24 kilos y tus 51 cm de ternura del primer día son ahora 122 cm de puro amor y alegría. Ocho años ya y me has enseñado lo fuerte y lo valiente que eres. Te amo hijo, te amo, te amo, te amo y termino ya porque no tengo kleenex a la mano.

Otras voces y palabras

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