25 de agosto de 2011

¡Salvemos al TIPNIS por Bolivia!


No conozco el Territorio Indígena y Parque Natural Isiboro Sécure (TIPNIS), no tengo ni la más remota idea de cómo huele o cómo se siente por las noches. Apenas puedo imaginarme que en sus aires pulula una cantidad  de insectos que derrotan al silencio y a las pieles sin repelete. No conozco el Territorio Indígena y Parque Natural Isiboro Sécure (TIPNIS), pero quisiera conocerlo sin amputaciones ni suturas. 

Después de haber leído extensos artículos y notas informativas acerca del conflicto carretero e intercultural que acecha a dicha región, ahora sé que el TIPNIS tiene una extensión de 1,2 millones de hectáreas y que está situado entre los departamentos de Beni y Cochabamba, en las provincias Mojos y Marbán (Beni) y Chapare (Cochabamba). Que se trata de un territorio que tiene forma triangular y que es parte de la jurisdicción de los municipios benianos de San Ignacio de Moxos y Loreto, y el cochabambino Villa Tunari. Que es verde y merece vivir.

El Tramo II del camino que pretende construir el gobierno del Estado Plurinacional de Bolivia, es una vía que textualmente dividirá en dos el área protegida y la Tierra Comunitaria de Origen (TCO). "La carretera de pavimento rígido se extenderá en una línea casi recta de 306 kilómetros por 9,3 metros de ancho. La obra requerirá una inversión de 436,2 millones de dólares, de los cuales 332 millones provendrán de un crédito blando del gobierno del Brasil" y que desahuciará em gran parte a las "más de 170 lagunas que preservan una incalculable riqueza hidrobiológica, a las 402 especies de flora, a las 108 especies de mamíferos que tiene su hogar en el parque, a más de 470 especies de aves, más de 39 especies de reptiles, 53 de anfibios y 188 de peces y mamíferos nadadores, como el delfín rosado (especie en peligro de extinción".

No, no estoy de acuerdo con una masacre así, he aquí mi voz de protesta en contra de un progreso maldito y de un gobierno sordo. He aquí mi voz de apoyo en defensa del TIPNIS y de los cientos de indígenas que están marchando para defender su territorio y su fuente de trabajo.

¡NO A LA CONSTRUCCIÓN DE LA CARRETERA, SALVEMOS AL TIPNIS POR BOLIVIA!


Este post es parte de la Acción Bloguera Salvemos al TIPNIS por Bolivia
Se suman a esta acción:
http://aliaga.lamatriz.org/ (Julio Aliaga Lairana)

24 de agosto de 2011

Acción Bloguera (25 de agosto de 2011): Salvemos el TIPNIS por Bolivia

Convocatoria





Se convoca a todos/as los/as bloguers bolivianos/as y extranjeros a sumarse a la Acción Bloguera a favor del TIPNIS que se iniciará mañana jueves, 25 de agosto de 2011.

En busca de superar la impotencia del silencio y mostrarle a Bolivia y al mundo nuestro apoyo y defensa intercultural de nuestro medio ambiente, los/as bloguers están invitados a publicar una entrada en sus blogs bajo el título SALVEMOS EL TIPNIS POR BOLIVIA y en la que incluyan textos y/o fotos sobre el TIPNIS y su defensa.

Problema:

“El Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro Sécure (Tipnis) tiene una extensión de 1,2 millones de hectáreas. Está situado entre los departamentos de Beni y Cochabamba, en las provincias Mojos y Marbán (Beni) y Chapare (Cochabamba). Es un territorio que se asemeja a un triángulo apuntando hacia el sur, y es parte de la jurisdicción de los municipios benianos de San Ignacio de Moxos y Loreto, y el cochabambino Villa Tunari”.

“La indefinición del límite departamental, la presencia ilegal de madereros, la pobreza, la carencia de guardaparques, las relaciones conflictivas con los colonos y la construcción de la carretera Villa Tunari-San Ignacio, son los problemas que día a día sufren los habitantes de la Tierra Comunitaria de Origen TIPNIS. De todos aquellos, el que es parte de la agenda es la construcción de un camino financiado por el gobierno de Brasil” y el que textualmente dividirá el TIPNIS por la mitad destruyendo la herencia natural de todos/as los/as bolivianos.

Informaciones obtenidas de la nota Las 11 claves para entender el conflicto del TIPNIS (Gladys Mita, Revista Oxígeno)





Organiza http://mivozmipalabra.blogspot.com/

(Ana Rosa López)



Blogs apuntados hasta ahora:


http://tipnisresiste.blogspot.com/ (TIPNIS resiste)
http://ganjartek70.blogspot.com/ (Paul Tellería)
http://www.carloshugomolina.com/ (Carlos Hugo Molina)
http://maite-cita.blogspot.com/ (María Teresa de Lara)



16 de agosto de 2011

Patrimonio (Reloaded)

Últimamente trato de aprovechar los escasos diez minutos que dura el viaje entre mi oficina y mi casa para leer. Es toda una proeza cuando se trata de uno de esos minibuses chiquitos en los que mis rodillas no entienden nada del síndrome de la sardina al que se somete cualquier mortal que se atreve en el transporte público de La Paz.

Siempre que se puede, me siento al lado del conductor o en la primera fila en la parte de atrás. Sin perder mucho tiempo, abro el libro y comienzo... Esta semana cargo en la cartera la Antología Poética de Friedrich Hölderlin y hace un par de días, cuando me disponía a leer Cuando era niño... la voz de una chiquilla (9 años tal vez) que iba sentada atrás mío me obligó a despegar los ojos del verso y a escuchar con atenta disposición la siguiente conversación sostenida con su papá:

-Papá, ¿qué es el patrimonio? (Pregunta difícil de contestar, me pongo en el pellejo de ese papá y trato de hilvanar por mi cuenta, alguna respuesta coherente y comprensible).
-... (Silencio, lo más probable es que el papá no sepa cómo contestar, pero pronto surge una primera respuesta) La definición es un poco complicada, explica el progenitor, me imagino su cara y quizás, su incomodidad. La niña no pronuncia palabra, a lo mejor esperando un mejor argumento de su papá. Y él sigue:
-Patrimonio es lo contrario del matrimonio, le dice con una sonrisa sonora que sólo atino a adivinar. 
-¿Entonces es divorciarse? Responde con total lógica la vívida e inteligente jovencita; padre en aprietos en busca de una respuesta a lugar.
-No, no. A ver, el patrimonio es la herencia que te dejan tus padres, es algo de valor que te heredan. Bueno, eso está mejor que una definición descabellada basada en un antónimo inexistente. Silencio otra vez, hasta que la niñita admite para terminar:
-Papi, yo pensaba que patrimonio era cuando dos patos se casaban. Carcajada monumental y compartida, un divino final para la brevedad de diez minutos con síndrome de sardina en el transporte local.

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Esto es lo que más me gusta de tener un blog, hacer que sea una experiencia compartida, ¡gracias por el aporte mafaldístico Ratona :)!

11 de agosto de 2011

Tres años


Mi voz, mi palabra cumple hoy tres años de vida virtual, que en mi vida real me han llenado de muchas satisfacciones. Rememoro aquí la primera entrada con la que inauguré esta aventura que se ha ganado ya más de cien seguidores y que promete continuar:

"Sí, hace ya más de un lustro que no estoy en Bolivia y sin embargo allí estoy con toda la fuerza de mi sentimiento y la de mi pensamiento, intentando ser parte de la historia que no puedo compartir en carne y que aun así me duele y me llena".

Bolivia sigue siendo mi inspiración y ahora que puedo, la comparto en carne y hueso, feliz de ser parte de su historia y de su inagotable cotidianidad. Gracias a todos/as los/as que a diario y no tan diario se dan una vuelta por este sitio y lo alimentan con comentarios... están siempre abiertas las puertas a su voz, su palabra.

8 de agosto de 2011

Recuerdos viajeros de la Tierra sin Mal

A Camiri llegué una madrugada de Julio de 1997. Tenía los pies helados y una maleta llena de libros y ansiedades. Lo primero que hice fue conseguir un cuarto de hotel para depositar los restos de cuerpo que el cansancio de una infinita noche de flota destartalada y sin calefacción me había dejado. Ese fue el primer viaje que hice sola hasta tan lejos, quizás el más importante y uno de los mejores de mis años de universitaria. Había llegado hasta el agreste llano para hacer el trabajo de campo de mi tesis de grado. Al margen de las entrevistas semiestructuradas, mis diarios de investigación y mis observaciones participantes, el viaje me reveló la existencia de un pedazo de patria que se convirtió con los años en una de mis pasiones y al que he tenido oportunidad de volver sólo en un par de ocasiones más, me refiero al Chaco boliviano.

Camiri es un pueblo grande, quizás una ciudad pequeña; en todo caso un lugar acogedor, cálido y ya para entonces emprendedor y en pleno crecimiento. Después de mi primer paseo camireño decidí cambiar de alojamiento y me fui al Hostal Marietta, una pensión ubicada a cierta distancia del “centro” y cuyos ambientes luminosos y amplios me atrajeron más que el hotel de pasillos angostos en el que pasé la primera noche. La propietaria era una italiana robusta y de piel blanca, cariñosa y enamorada de aquel Chaco embaucador; es difícil no caer ante sus misteriosos encantos. Todavía tengo en la memoria sus labios rojos de carmín, espesos y la blancura de sus dientes destellando entre ellos.

Hasta el sureste de Bolivia me atreví, hasta la llamada Tierra sin Mal en busca del Pueblo Guaraní,  esa gente abierta, nada ingenua, orgullosa de su origen y bien corajuda. Los guaraníes identifican la Tierra sin Mal con las regiones caracterizadas por la abundancia de maíz y metales preciosos; la tierra en la que el guaraní podría vivir su ñande reko – modo de ser auténtico y reencontrarse con el Kandire, héroe mitológico guaraní que traería la liberación.

Durante mi estadía en Camiri asistí a una asamblea guaraní (jemboati) que se llevó a cabo en la comunidad de El Espino, ubicada en Charagua, el municipio aledaño a Camiri. Montada en la carrocería de un camión primero y más tarde en un jeep llegué hasta aquel ínfimo y hermoso rincón chaqueño. Ningún concierto me pareció más entonado que el que se escuchaba brotar de aquel galpón repleto de guaraníes hablando en su dulce y cantarina lengua. Claro, yo no entendí absolutamente nada. Cuando el atardecer era un hecho irrenunciable, comencé a recorrer El Espino en busca de un lugar para pasar la noche. Con un puñado de sonrisas y buenas intenciones regresé al lugar del que había partido pensando que sería mi primera noche a la luz de la estrellas.

En mi desesperada desazón, un poblador me informó que esperaban a la ambulancia que recorría la región de tanto en tanto y que tenía como destino final Charagua. Viene la doctora, me dijo, mientras yo oteaba el horizonte con ansias, imaginando ambulancias en cada sombra que se avecinaba. Verla llegar me alivió el cuerpo y me desató los recuerdos. La pequeña silueta de la doctora se movía diligente entre la ambulancia y la improvisada parada. Mientras retornábamos a Charagua, pensé en mi mamá, en su viaje de universitaria por aquellos mismos parajes juntos a sus compañeros de Medicina de la UMSA hacía décadas atrás. Le pregunté a la doctora si conocía al “Papi Rojas”, aquel estudiante de origen chaqueño que había hecho de anfitrión durante la visita de mi progenitora. “Es mi papá”, respondió la doctora con una amplia sonrisa que una vez más me devolvió la certeza de la inexistencia de las casualidades, simplemente conjura lo que es, cuando tiene que serlo.

La noche chaqueña es una espesa niebla, los faros de la ambulancia apenas divisaban el camino y sus múltiples sorpresas: sinuosas curvas, pendientes pedregosas, esqueletos de bosquecillos, pies de monte, desiertos y las rojas pupilas de los zorros de monte que pese al espanto de aquel motor rugiente atravesando los senderos del chaco, todavía se atrevían a mirarnos de frente antes de brincar a un costado del camino y desaparecer como fantasmas a los que se traga la oscuridad sin dejar siquiera un rastro de polvo.

Al día siguiente llegué a Camiri y sentí la sonrisa de Marietta como un abrazo de bienvenida. Así continuaron mis indagaciones, mis encuestas y mis apuntes de campo. La hipótesis comprobada: el Chaco es una auténtica y entrañable perla, un cúmulo de parajes y de seres inauditos, de recorridos caprichosos y soberbias energías. El chaco es una pasión que se añora y se hace respetar. 

Este texto participa en el Concurso de Relato "El mejor viaje de mi vida" organizado por el Sistema de las Naciones Unidas y el periódico Página Siete en el marco de la Campaña Convivir, Sembrar Paz.

6 de agosto de 2011

La guarida del Dragón Dormido

 
El altiplano me embriaga las pupilas. La línea interminable de la helada altipampa me apaga un suspiro ante la majestuosa silueta del Illampu que se impone a mitad de camino, parece que nos vigilara desde la blancura de su quietud. Es mi primer viaje de tierra adentro desde mi retorno a la patria, mi primer reencuentro con la gente que quizás no ha visto otra cosa en su vida que el azul penetrante del Lago Titicaca, las olas que besan la playa, el contorno pedregoso y caprichoso del Dragón Dormido que endereza su joroba dentada y soleada a las orillas del agua sagrada. 

Partimos de madrugada rumbo a Santiago de Okola. El lugar se encuentra aproximadamente a 170 km de la ciudad de La Paz, a dos horas y media de viaje. Se trata de una comunidad del Distrito de Sisasani, Municipio de Puerto Carabuco, Provincia Camacho del Departamento de La Paz; lo mismo que  poco, el nombre –Santiago de Okola–  no me dice nada. Es la primera vez que voy. 

La Paz se despereza con la niebla tempranera y el tráfico no existe a esa hora. Nos conduce un ingeniero informático desempleado y de oficio prestado, así están las cosas… El Alto parece que no hiciera ni siquiera una siesta, las cholitas van cargando bultos,  los escolares corretean sonrientes y abrigados, y los comerciantes ya están parapetados en sus puestos de venta. Hace rato que el ambiente está cargado de bocinazos, de trancaderas y gritos ahogados. Me pregunto qué le da tanta vibra a este Alto despreciado. Seguimos en la vía, arribamos a Achacahi. Nos bajamos a desayunar. Hace un frío que cala y el sol es un adorno dorado en la alfombra azulina del cielo del altiplano. Café con leche en jarro enlosado y desportillado, pan con quesito y un pocillo de nata… y el frío que cala. Un manjar la nata, un espectáculo la diminuta caserita entre las ollas matronas, ennegrecidas y resquebrajadas que la rodean. En la Plaza nos comprarnos refresquito. Me pregunto si los “ponchos rojos” nos rodearán sin aviso preguntando a qué vinimos sin permiso… pero son puras fechorías de mi viajera imaginación.

Seguimos en camino. Ahora serpentea la carretera hasta llegar a la loma desde la que se admira el terruño de Santiago de Okola. Al fondo se divisa ya al Dragón Dormido, la formación rocosa que asemeja al animal mitológico encajado en este pedazo andino, singular y precioso.

El primer paseo por la orilla es un bálsamo, un descanso magnífico y cargado de energía. Las fauces del Dragón de piedra se apoyan en el Lago, resoplando al ritmo de la brisa. El agua helada y profunda, callada y milenaria… me moja los dedos, las mejillas y la traviesa se infiltra en mis zapatos acariciándome las plantas de los pies. A algunos metros del Lago se alzan las primeras casitas de los pobladores de Okola. Uno de ellos, don Tomás, me extiende la mano de bronce y sonríe mostrando entre los labios las ruinas de sus dientes que el acullico ha teñido con un espeso velo grisáceo. Apoyado en su bastón y separado del suelo por el grueso de caucho de sus abarcas, don Tomás nos conduce hasta su morada, la que ha convertido en albergue comunitario para turistas, como lo han hecho otras tantas familias emprendedoras de Santiago. Apenas llegamos nos brindan con tortillas de quinua y cocido de cebada, ¡cómo refresca el líquido turbio que se tambalea en mi vaso!

Aprovechamos las horas claras de la mañana para visitar el museo comunitario que se alberga en la escuela. Los okoleños tienen razón para enorgullecerse: la salita de exposiciones es una esmerada recuperación de trajes típicos, artesanías y piezas ancestrales donadas por los pobladores del lugar.  
Regresamos a la casa-albergue de don Tomás. Asoman las narices rojas y las cabelleras rubias de dos turistas canadienses que están a punto de almorzar por última vez en aquel refugio del Lago. La mesa está servida con sendos platos de arcilla que rebalsan un caldo de verduras que humea, una llajua que pica y al centro, sobre un aguayo de oscuros colores, un apthapi multicolor y plurisabor: ocas doradas y dulzonas, diferentes tipos de papas, choclo y un aromático manojo de ispis que me desatan la lengua en aguas de puro antojo. ¿Por dónde comenzar? Don Tomás nos amenaza diciendo que nada se puede quedar, que tenemos que comernos todo sin chistar… las gringas se espantan; hablan poco, sonríen harto y entienden a medias. Pero la sonora carcajada de nuestro anfitrión nos tranquiliza, incluso a quienes estamos decididos a comernos hasta la última migaja. 

De regreso a casa da pena dejar la guarida del Dragón. A medida que nos alejamos, el Illimani se alza inaudito mirando de palco la ebullición de gentes y sentires en la se convierte cada día la olla de cemento de La Paz. El viaje se acaba y se acomoda silencioso en la calma exquisita del recuerdo. 

Este texto participa en el Concurso de Relato "El mejor viaje de mi vida" organizado por el Sistema de las Naciones Unidas y el periódico Página Siete en el marco de la Campaña Convivir, Sembrar Paz.

Otras voces y palabras

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