Ir al contenido principal

Recuerdos viajeros de la Tierra sin Mal

A Camiri llegué una madrugada de Julio de 1997. Tenía los pies helados y una maleta llena de libros y ansiedades. Lo primero que hice fue conseguir un cuarto de hotel para depositar los restos de cuerpo que el cansancio de una infinita noche de flota destartalada y sin calefacción me había dejado. Ese fue el primer viaje que hice sola hasta tan lejos, quizás el más importante y uno de los mejores de mis años de universitaria. Había llegado hasta el agreste llano para hacer el trabajo de campo de mi tesis de grado. Al margen de las entrevistas semiestructuradas, mis diarios de investigación y mis observaciones participantes, el viaje me reveló la existencia de un pedazo de patria que se convirtió con los años en una de mis pasiones y al que he tenido oportunidad de volver sólo en un par de ocasiones más, me refiero al Chaco boliviano.

Camiri es un pueblo grande, quizás una ciudad pequeña; en todo caso un lugar acogedor, cálido y ya para entonces emprendedor y en pleno crecimiento. Después de mi primer paseo camireño decidí cambiar de alojamiento y me fui al Hostal Marietta, una pensión ubicada a cierta distancia del “centro” y cuyos ambientes luminosos y amplios me atrajeron más que el hotel de pasillos angostos en el que pasé la primera noche. La propietaria era una italiana robusta y de piel blanca, cariñosa y enamorada de aquel Chaco embaucador; es difícil no caer ante sus misteriosos encantos. Todavía tengo en la memoria sus labios rojos de carmín, espesos y la blancura de sus dientes destellando entre ellos.

Hasta el sureste de Bolivia me atreví, hasta la llamada Tierra sin Mal en busca del Pueblo Guaraní,  esa gente abierta, nada ingenua, orgullosa de su origen y bien corajuda. Los guaraníes identifican la Tierra sin Mal con las regiones caracterizadas por la abundancia de maíz y metales preciosos; la tierra en la que el guaraní podría vivir su ñande reko – modo de ser auténtico y reencontrarse con el Kandire, héroe mitológico guaraní que traería la liberación.

Durante mi estadía en Camiri asistí a una asamblea guaraní (jemboati) que se llevó a cabo en la comunidad de El Espino, ubicada en Charagua, el municipio aledaño a Camiri. Montada en la carrocería de un camión primero y más tarde en un jeep llegué hasta aquel ínfimo y hermoso rincón chaqueño. Ningún concierto me pareció más entonado que el que se escuchaba brotar de aquel galpón repleto de guaraníes hablando en su dulce y cantarina lengua. Claro, yo no entendí absolutamente nada. Cuando el atardecer era un hecho irrenunciable, comencé a recorrer El Espino en busca de un lugar para pasar la noche. Con un puñado de sonrisas y buenas intenciones regresé al lugar del que había partido pensando que sería mi primera noche a la luz de la estrellas.

En mi desesperada desazón, un poblador me informó que esperaban a la ambulancia que recorría la región de tanto en tanto y que tenía como destino final Charagua. Viene la doctora, me dijo, mientras yo oteaba el horizonte con ansias, imaginando ambulancias en cada sombra que se avecinaba. Verla llegar me alivió el cuerpo y me desató los recuerdos. La pequeña silueta de la doctora se movía diligente entre la ambulancia y la improvisada parada. Mientras retornábamos a Charagua, pensé en mi mamá, en su viaje de universitaria por aquellos mismos parajes juntos a sus compañeros de Medicina de la UMSA hacía décadas atrás. Le pregunté a la doctora si conocía al “Papi Rojas”, aquel estudiante de origen chaqueño que había hecho de anfitrión durante la visita de mi progenitora. “Es mi papá”, respondió la doctora con una amplia sonrisa que una vez más me devolvió la certeza de la inexistencia de las casualidades, simplemente conjura lo que es, cuando tiene que serlo.

La noche chaqueña es una espesa niebla, los faros de la ambulancia apenas divisaban el camino y sus múltiples sorpresas: sinuosas curvas, pendientes pedregosas, esqueletos de bosquecillos, pies de monte, desiertos y las rojas pupilas de los zorros de monte que pese al espanto de aquel motor rugiente atravesando los senderos del chaco, todavía se atrevían a mirarnos de frente antes de brincar a un costado del camino y desaparecer como fantasmas a los que se traga la oscuridad sin dejar siquiera un rastro de polvo.

Al día siguiente llegué a Camiri y sentí la sonrisa de Marietta como un abrazo de bienvenida. Así continuaron mis indagaciones, mis encuestas y mis apuntes de campo. La hipótesis comprobada: el Chaco es una auténtica y entrañable perla, un cúmulo de parajes y de seres inauditos, de recorridos caprichosos y soberbias energías. El chaco es una pasión que se añora y se hace respetar. 

Este texto participa en el Concurso de Relato "El mejor viaje de mi vida" organizado por el Sistema de las Naciones Unidas y el periódico Página Siete en el marco de la Campaña Convivir, Sembrar Paz.

Comentarios

Publicar un comentario

Comentarios:

Entradas más populares de este blog

Segundo lugar en el concurso internacional de material didáctico del Alumniportal Deutschland

El Alumniportal Deutschland es un portal online que tiene como público meta a todas las personas en el mundo que hayan estudiado o trabajado en Alemania. Busca hacer que estas personas creen nuevas redes de contactos de todo tipo: cultural, científico, laboral, académico, de ocio, etc. El común denominador en todos los casos es la experiencia vivida en Alemania y la manera de mantenerla activa y de reproducirla a través de actividades diversas.
Desde hace varios años el portal de los exalumn@s de Alemania convoca a concursos internacionales para desarrollar propuestas, proyectos o ideas sobre temáticas actuales. Este 2017 el tema del concurso denominado Hands-on-project (Praxisprojekt) fue el de la Agenda 2030 y las metas globales de desarrollo sostenible. 
Después de dos meses de preparación de propuestas, hoy finalmente se dieron a conocer los resultados. El equipo conformado por Camilo Cárdenas (Venezuela) y por esta quirquincha servidora obtuvo el segundo lugar del certamen internac…

Soledad Chapetón: Die tapfere Bürgermeisterin von El Alto

Carmen Soledad Chapetón Tancara ist der vollständige Name der Bürgermeisterin von El Alto, sie ist aber als „La Sole“ bekannt. Am 25. Oktober wurde sie 37 Jahre alt und ist damit eine der jüngsten Politikerinnen am Kopf einer Stadtverwaltung in Bolivien. „La Sole“ gewann 2015 die Gemeindewahlen in ihrer Heimatstadt El Alto und ist seitdem die erste Bürgermeisterin von einer der größten Städten Boliviens. El Alto ist auch eine Stadt in der nicht nur die sozialen Bewegungen besonders mächtig und protestierend sind, sondern auch eine wachsende Großstadt voller Bedürfnisse und Forderungen aller Art. Ihre politische Herausforderung ist deswegen auffällig und sehr, sehr groß.   

Soledad Chapetón ist besonders stolz auf ihre Eltern. Luis Chapetón (Vater) und Dalila Tancara (Mutter), beide Aymara-Immigranten verließen ihre Heimatdörfer in den Provinzen Camacho und Pacajes auf dem bolivianischen Hochland, um ein besseres Leben für ihre Kinder in der Stadt zu schaffen. Sie zogen deshalb nach El …

Un 21 de febrero cualquiera

Si Evo Morales hubiese aceptado hace dos años que más del 50% -el 51,3% para hablar con exactitud- de los electores de Bolivia rechazó la modificación el artículo 168 de la Constitución Política del Estado (CPE) para habilitar una nueva repostulación presidencial; si hubiese sido capaz de reflexionar tan solo un poco y de mirar hacia atrás con una pisca de conciencia; si hubiese recordado que prácticamente entre lágrimas fue posesionado como presidente de los bolivianos hace más de una década y que fue capaz de canalizar el desencanto y la bronca de miles de compatriotas que no toleraron en ese entonces un gobierno más de los llamados partidos tradicionales, entonces quizás tendríamos mañana un 21 de febrero “cualquiera”, una jornada para festejar de verdad un triunfo democrático, una fecha que recordar como si se tratase del aniversario de un feliz acontecimiento.
Por el contrario, los atropellos que hemos sufrido desde el 21 de febrero de 2016 se han acumulado como carbones al rojo …