13 de octubre de 2014

Mis apuntes postelectorales


Nos gusta jugar con el „que hubiese pasado si...”. Lo cierto es que no pasó y un (hasta ahora presunto) 60% lo demuestra. La sopresa con la que tanto se llenó la boca Jorge Quiroga la dio al final de cuentas el Partido Verde de Fernando Vargas y Margot Soria. Los verdes desahuciaron así también a los sin miedo en un carrera electoral que, aunque pequeña, es carrera al fin. Un minúsculo poder verde germina. Así empezó hace casi 15 años un minúsculo poder cocalero y ya estamos viendo sus frutos. Sabremos esperar.

Nos tienta decir que lo hizo de mala fe. Que la aparición de Quiroga con su disparatada candidatura a pocos días del cierre de inscripción de siglas y candidatos terminó por deformar la ya malformada oposición. Al MAS le quedan ahora cinco años por delante, cinco años más. La buena hada Flora le desearía que deje el papel de verdugo, de ególatra y que desempolve las abarcas de caucho que el cocalero hacia rechinar cuando caminaba por los pasillos del parlamento. Pero la buena hada Flora no existe más que en los cuentos de hadas y este es un país de más de 10 millones de habitantes de carne, hueso y realidad.


Para la oposición es un lustro que debería asumir como una oportunidad de oro para reinventarse. Juan del Granado ha dado el primer paso, ha anunciado su retiro de las lides electorales. Afirma que el Movimiento Sin Miedo no es un proyecto electoral sino un proyecto de país y que es hora de dar lugar a nuevos liderazgos. Hemos aprendido la lección, la durísima lección que los viejos estructuralistas MNR, MIR y ADN se negaron a asumir. 


Nos gustaría una oposición que nos ilusione, que nos haga pensar que de verdad hay una esperanza. Por lo menos nos gustaría una oposición unida, que fiscalice, que controle, que proponga, que nos enamore. No es poco lo que alcanzó Samuel Doria Medina, pero tampoco es suficiente y está visto que con carajos incluidos y frases de #hashtag no va a poder llegar muy lejos. Lo que todos sus millones siguen sin conseguir, es sentarlo en la silla que ahora ocupará por tercera vez consecutiva Evo Morales. 


El voto del Beni fue digno. No podíamos esperar otra actitud después de lo que este gobierno le hizo. El voto de Santa Cruz fue pragmático, no jugaron ningún papel ni los principios ni los dramas. En el resto del país, el voto era lo que se esperaba, lo que el partido de gobierno esperaba y a lo que apuntó durante toda su campaña.


También nos toca reinventarnos como ciudadanos y ciudadanas, especialmente aquell@s que ya no tienen más vestiduras que rasgarse. La vida continua, Bolivia sigue y nuestras cotidianas luchas no se detendrán.

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