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Aquí o allá... eso da igual


Los alemanes y su estructura, los bolivianos y su coyuntura… colorido es el telar de mis vivencias, un desafío cotidiano el de mis convivencias; un tejido apretadito e intercultural el de la manta que cobija hasta la más íntima célula de mi existencia. Aquí soy bien colla, orureña-quirquincha de duro caparazón y amplio corazón en el que anidan sin discusión un amor venezolano, una pasión santa y aguerrida con una “V” azulada teñida y una devoción pagana, “diabólica” y saltarina. 

Allá soy bien latina, embajadora boliviana, un cacho bolivariana, sudamericana y americana, porque para quedar cabales, american@s somos tod@s l@s que nacimos aquí, en este continente inacabable, derramado de realismos mágicos, de culturas ancestrales e influencias yanquis. 

Hace exactamente un mes que estoy de vuelta, hace un mes que ya no viajo en tranvía amplio, puntual y silencioso, sino que me muevo en minibús chiquitito y sin paradas, tarareando “laicu-laicus” que alguna vez había memorizado, escuchando los feroces gritos del voceador, escarbando mis “sueltitos” para aliviar la pena del conductor. Hace un mes que ya no como brezel con mantequilla, sino que me devoro una salteña jugosa a media mañanita. 
Salteñita
Brezel (este sin mantequilla ;))
Hace un mes que estoy de vuelta, entre mis montañas añoradas, reconociéndome entre la muchedumbre de pupilas oscuras y pieles cobrizas de mi gente; de calladita escucho y disfruto de sus quejas, sus chismes, sus cuentos, sus protestas y comentarios. En cada esquina puedo comprarle a la caserita, pedirle al chango que me lustre las botas, saludar a las simpáticas cebras que arriesgan sus rayas cuando el semáforo cambia. Hace un mes que extraño a las amistades verdaderas que se quedaron por allá, pero que en realidad habitan vivientes en la lista de mis afectos de siempre, hace un mes que descubro caras conocidas y desempolvo cálidos abrazos de amistades sembradas hace tantos años en estos mis lares. 

Hace un mes que ya no le digo buon giorno al heladero italiano de la cuadra ni balbuceo inglés con la vecina asiática de enfrente de la casa ni recibo los paquetes de la señora portuguesa que todo lo compra por correo ni discuto en alemán con los groseros que no ceden el asiento en el tranvía. Ahora le compro chupetitos de canela al heladero de la plaza, muero de curiosidad cuando las doñitas en aymara se charlan, me río de las cambas que andan en La Paz con sandalias y minifalda. 

Es lindo declararse víctima de la interculturalidad, aprender a mirarse en el otro y saber que también puedes ser el “otro” de los otros… aquí o allá, eso da igual.  

Este post está concursando en la campaña Convivir, Sembrar Paz, te invitamos a comentarlo, votar por él desde el 7 de Mayo y también escribir un post propio en tu blog para participar del concurso. Entérate de las bases, ingresa a http://www.serbolivianoes.org.bo/bases-concurso-bloguers/

Este artículo fue publicado en la edición del sábado 14 de mayo de la separata Aula Libre que se publica con el periódico Página 7 y en la Revista Dominical del periódico La Patria, edición del 29 de mayo de 2011. 

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