
No pelo
una. Cada vez que se acerca un 10 de octubre se despierta mi gusano democrático
a recordarme que –realmente– no puedo
quejarme de las dictaduras, que lo poco que recuerdo son fiestas familiares a
puertas y ventanas cerradas en las que la música y la luz desaparecían como por
arte de magia cuando se acercaban los “caimanes”. Y no hablo de la sede de
gobierno, sino de una ciudad “endiabladamente” pequeña. ¿Entonces tengo derecho
a quejarme de la democracia? Son 30 años de vivir compartiendo con ella y sus
exabruptos. De lejos o de cerca, se han acumulado tres décadas de vivencias que
vale la pena recapitular.
Mi primer
recuerdo de democracia data de 1982. Todavía veo la cara de Siles Zuazo en la
televisión y las lágrimas de una de mis tías en el momento de su posesión como
Presidente de la República. Eran tiempos de la Unión Democrática Popular (UDP),
de los cheques de gerencia que tenían esos colores pastel que poco o nada
servían para siquiera comprar pan. Era el final de una serie de dictaduras cuya real dimensión no significan mucho a la edad de 7 años. Mi dormitorio estaba lleno de muñecas y no hacía falta más.
El
siguiente recuerdo es de 1986. Contaba con 11 años. Era triste ver la
interminable columna de mineros que iban rumbo a La Paz en busca de soluciones
a sus demandas, era la Marcha por la Vida. Mi hermana y yo recolectamos algo de
ropa y vituallas y nos fuimos a un canal de televisión –quizás el único– a
entregar la donación para los marchistas. Algunos años más tarde comprendí el
significado de términos tales como “relocalización”, “hiperinflación” y
recuperación de la democracia. Algo más que sólo palabras.
En 1997, un
poco antes de abandonar las aulas universitarias, la democracia volvió a
sorprenderme con la elección democrática y constitucional del exdictador Hugo
Banzer Suárez. En los cuentos de hadas los villanos no se convierten a la bondad
así nomás, pero en “el país de las maravillas” aquello parecía suceder gracias
al indescifrable arte del voto. Difícil digerir tal cosa. Los desaparecidos,
asesinados, detenidos y perseguidos cobraron una perspectiva democrática
bastante desalentadora con la elección de aquel exgeneral y dejaron de ser algo
más que sólo palabras. Ya para entonces la impotencia me había dado un par de duras lecciones que aprender.
Sé que voy
a saltos agigantados, olvidando u omitiendo hechos y protagonistas de años que
fueron importantes e imprescindibles para nuestra historia democrática, pero permítanme
continuar en este tren antes de que la democracia siga acumulando más hechos y protagonistas. No pretendo
hacer una sesuda reseña ni un balance del estado en el que esta democracia viene a
convertirse en treintañera, simplemente quisiera catalogar los sentimientos que
al cabo de estos año me ha dejado y me deja.
Sigo
entonces, hasta el 2005. A un poco más de 10 mil kilómetros de distancia, allí
en esa otra galaxia, me veo incrédula y esperanzada ante el resultado electoral de aquel año.
Después de un sangriento y convulsionado inicio de milenio para Bolivia, era la
primera vez que un líder auténtico se hacía de la primera mayoría
convirtiéndose en el primer presidente “originario” en la historia del país.
Sí, soy una convencida de que se trataba de un líder auténtico que además
canalizó –quizás sin proponérselo a esa magnitud– las esperanzas de muchos y
de muchas. Pero en democracia se acumulan también los errores y las frustraciones.
La desilusión. Esto es lo que he sentido y lo que siento.
No, no puedo quejarme de la democracia, pero sí del número de muertos que sin necesidad de una bota militar se suman cada día. Creo que otra democracia es posible; sin embargo espero que no necesitemos otros treinta años para conseguirla.
Lo de banzer fue brutal, pero cabe enfatizar en el hecho de que banzer ganó las elecciones 1993 con el 22.3% de los votos y se hizo del poder de mano de la antigua constitución hecha a medida de los pocos poderosos en alianza con Condepa- ucs- mir... mañas de las antiguas democracias "representativas". No sé si más o menos vergonzosa fue la asunción al poder de Jaime Paz en 1989 con el 22% de votos y en alianza con su archi enemigo politico, "el Dictador Banzer- ADN".
ResponderBorrarMe sorprende grandemente no encontrar en el artículo una mención a la nueva constitución política (2007) escrita en pluralidad democrática auténtica que costó vida de mártires y héroes que la defendieron de los ataques racistas, terroristas y armados de los hoy autodenominados "perseguidos políticos".
Desde mi nueva realidad y trabajo con discapacidades reentiendo la historia de mi país, y de la democracia, resumo: los sordos en la colonia eran ocultos por la vergüenza familiar del castigo de Dios, retirados en sótanos, o abandonados, o asesinados; en la república la iglesia prohíbe el uso de lengua de señas, su escolarización y hasta la dictadura los relegan en "hogares de caridad" (centros de engorde para discapacitados ricos).. llegada la democracia, los discapacitados salen de sus sótanos e invaden las calles para mendigar; a partir de Evo, si... y de la nueva CPE no solo la lengua de Señas es declarada como "lengua oficial del Estado Plurinacional" sino que además desaparecen "mágicamente" miles de mendigos discapacitados de las calles... y hoy viven en la dignidad de un bono estatal, mínimo si, pero digno, muy digno también. El antes y el después del 2006 para un sordo, un ciego, un autista... es simplemente similar a la reencarnación. Con esto quiero decir finalmente que me parece que la democracia está recién paridita de manos de la nueva CPE (entronada con mi voto y con mucho orgullo) porque democracia sin dignidad me parece nomás que era una... dictadura light.
y para redondear se me pasó mencionar. que nací en la dictadura cuando la esperanza de vida para los varones era de 43 años... si mi abuela me cuenta, como se moría cualquier vecino con diarrea, pulmonía, neumonía, como los jóvenes no tenían dientes... Hoy todos los índices han cambiado para bien, y más dramática y velozmente desde el 2006, guste o no... la esperanza de vida es de 72 años mujeres, 69 el promedio... que esperanza... de vida...
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