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La Capilla Sixtina del Altiplano



El altiplano boliviano es una extensa región custodiada por varias cadenas montañosas que le dan un aspecto poco acogedor. Sin embargo el altiplano boliviano es también el celoso guardián de verdaderas obras de arte y joyas culturales que se encuentran resguardadas en pueblos tan pequeños como el de Curahuara de Carangas en el departamento de Oruro. Curahuara de Carangas es una población ubicada a unos 228 kilómetros hacia el Sur de la ciudad de La Paz. Una muestra de esta invaluable herencia histórica dispersa en el altiplano es –sin duda alguna– la llamada Capilla Sixtina del Altiplano, una iglesia cuya construcción data del año 1608.

A Curahuara de Carangas es posible llegar en menos de tres horas desde la ciudad de La Paz. Se viaja por la carretera asfaltada y ahora doble vía que une La Paz y Oruro; al llegar a la población de Patacamaya se gira a la derecha en dirección hacia Chile (Tambo Quemado). “Después de unos 110 km se ve Curahuara de Carangas”[1] y por detrás el impresionante pico Sajama (6542 m), uno de los más elevados de Bolivia.
Curahuara de Carangas “tiene una historia indígena muy rica, fue uno de los señoríos aimaras antes del período de los Incas. Según una leyenda, la batalla final entre aimaras y las tropas de Tupac Inca Yupanqui fue en la Pucara Monterani, una fortaleza en la montaña ubicada a un kilómetro de Curahuara. El Inca declaró su victoria plantando su bastón de oro en la cima de la Pucara. Ese bastón se llamó “kori wara” que fue castellanizado con el nombre de Curahuara (Bastón de Oro)”[2].

Mientras vamos ingresando al pueblito lo primero que asalta nuestra mirada y  que despierta nuestras sonrisas es un letrero pintado sobre una pared que dice “Evo presidente por siempre”. El pueblo es muy pequeño y pronto encontramos la iglesia apostada en una de las esquinas de la plaza principal. La capilla no se encuentra habitualmente abierta, para poder visitarla es necesario buscar al párroco de la iglesia o a las personas encargadas de abrir el santuario. Durante nuestra visita sin embargo, el padre Slawek no se encontraba en la casa parroquial, así fue que recurrimos al sargento Yucra para que nos permitiera visitar la capilla.

Vista desde afuera, la iglesia ofrece un aspecto más bien humilde en el que destaca el color blanco, las paredes de adobe y el techo de paja. Al abrirse las puertas de la capilla se escapa desde dentro el aroma dulzón del tiempo y el incienso. Ni bien entramos en la  nave principal las imágenes y los colores que decoran todas las paredes y el amplio techo de la iglesia comienzan a tomar vida para invitarnos a dar un paseo a través de pasajes bíblicos del antiguo testamento, allí vemos por ejemplo el Juicio Final, el Nacimiento de Jesús, la Última Cena, la Expulsión de Adán y Eva, el Arca de Noé y otros.
“En la nave, en el baptisterio y en la sacristía se encuentra el conjunto más amplio y en parte más antiguo, de pintura mural de toda Bolivia. De ahí viene el nombre de Capilla Sixtina del Altiplano”[3], además porque se considera como una réplica de la capilla del Vaticano. El púlpito data del año 1608 así como dos de los retablos de piedra del dentro del presbiterio. Nada más hace falta mirar hacia el techo para seguir admirando la belleza de la pintura mural con la que se encuentra decorado: se trata de un cielo estrellado en el que destacan las imágenes de los doce apóstoles. “La iglesia está llena de referencias a las creencias prehispánicas”[4]. Especialmente sugerentes son las pinturas de flores, pájaros y ángeles en los que destaca el color rojo, una tonalidad que parece haberse escapado de los cerros que rodean a Curahuara de Carangas.

“La iglesia es considerada por la historiadora boliviana Teresa Gisbert como uno de los catorce monumentos históricos más importantes de la época virreinal. Fue construida en el siglo XVI, al parecer por decisión de la orden de lo Agustinos, quienes en ese entonces cumplían la misión de evangelizar a los indígenas de la región”.[5]

Resulta muy difícil dejar de admirar cada una de las pinturas plasmadas en las paredes de la iglesia, están llenas de detalles atractivos, vívidos y tan elaborados que parecen estar animados y dispuestos a moverse en cualquier momento.
Al salir de la iglesia nuestras pupilas tienen que lidiar nuevamente con el gris del cielo y el blanco de la fachada. El frío se siente y corta la piel de las mejillas sin que uno se dé cuenta. 

Separada de la iglesia y como construcción aparte se encuentra la torre mayor de la Capilla Sixtina del Altiplano, mide aproximadamente 18 metros de alto. Es una edificación de cuatro niveles en cuya cúpula superior todavía se conservan campanas de bronce[6].
Después de casi diez horas de excursión retornamos a la ciudad del Illimani y nos queda el recuerdo de la infinita tranquilidad de Curahuara de Carangas y de los pájaros, las flores y los ángeles que custodian las paredes de la Capilla Sixtina del Altiplano.



[1] Fuente: Schauer, P. Guía turística de iglesias La Paz y Oruro. 2013. Ed. Gisbert y Cía. S.A.
[2] Fuente: Schauer, P. Guía turística de iglesias La Paz y Oruro. 2013. Ed. Gisbert y Cía. S.A.
[3] Fuente: Schauer, P. Guía turística de iglesias La Paz y Oruro. 2013. Ed. Gisbert y Cía. S.A.
[4] Fuente: Schauer, P. Guía turística de iglesias La Paz y Oruro. 2013. Ed. Gisbert y Cía. S.A.




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