13 de noviembre de 2015

Aprendiendo a enseñar 5: El consejo estudiantil y el Ratatouille de quinua




Con cada día que pasa, las mañanas en Rheinland-Pfalz se hacen cada vez más oscuras y esto hace que extrañe aún mas a mi familia y a mi tierra. Me hacen falta, mucha falta los abrazos y los besos de mis tres osos y de toda mi familia. Pero mientras este „retiro pedagógico“ continúe, aquí sigo contando mis historias.

Hoy estuve presente en la sesión semanal del consejo estudiantil (Klassenrat) del cuarto grado. Lenya (la flamante representante escolar) y Benedikt son los representantes del curso y dirigen la reunión con toda formalidad y seriedad. Todos los niños sentados en círculo escuchan primero la lectura del protocolo de la sesión anterior y hacen un balance de las resoluciones tomadas: ¿Mejoraron las cosas desde la última sesión? En este caso, sí.

En el siguiente punto los representantes del curso leen uno por uno los papelitos azules que los niños de la clase van pegando a lo largo de la semana en el tablero del consejo. Los dos primeros  fueron elogios para el curso y para algunos niños de la clase que se comportaron ejemplarmente durante la semana. Los siguientes fueron problemas que surgieron en el curso durante los últimos días. Los niños afectados toman la palabra y explican nuevamente el problema; se escuchan varias opiniones y al final los representantes del curso o los mismos niños del curso proponen soluciones. Hoy por ejemplo, Niklas se comprometió a no conversar durante las clases, puesto que esto desconcentra a los niños que se sienta a su lado. Christianen, la jefa de curso, es la persona que escribe el protocolo; sus intervenciones son muy puntuales y prácticamente mínimas, el consejo estudiantes corre por cuenta y responsabilidad de los propios niños.

En el tercer grado (paralelo b) los niños también me acribillaron con preguntas como en el primer grado (paralelo a) ayer. Los 45 minutos que duró mi clase de Landeskunde sobre Bolivia se fue en un santiamén. Por aquí los niños me llaman Frau López y estoy a muy poco de conocer a los 98 alumnos del colegio.

Hoy también me di una vuelta por Trier, la ciudad más antigua de Alemania. Christiane y yo caminamos un poco por el centro y conversamos bastante. Tengo la impresión de que en esta semana he hablado más alemán que durante todo el primer ano que viví en Alemania en el 2002. Aquí  no hay comunidad latinoamericana alguna y mis posibilidades de comunicarme en mi lengua materna son prácticamente nulas. Bien recuerdo que, cuando en julio de 2002 pisé tierras germanas por primera vez, no había pasado ni una semana y ya tenía conocidos españoles, mexicanos, argentinos, brasileros y venezolanos: otros tiempos, otras circunstancias.

Christiane, la directora de la Primaria del Bosquecillo de Robles, es una mujer muy especial, amablísima y muy atenta. Hoy me sorprendió con una Ratatouille de quinua que Arpad, su esposo y yo devoramos sin compasión.

Como en el resto del planeta, estoy llena de viernes e inhalo mis ansias de volver. 

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