9 de noviembre de 2015

Aprendiendo a enseñar 1: Tierra adentro en Alemania


Después de muchas horas de viaje en tren y de haber cruzado Alemania de este a oeste, finalmente llegué a Salmtal. Salmtal es un pueblito de aproximadamente 2300 habitantes que se encuentra en el estado de Rheinland-Pfalz, al suroeste de la Bundesrepublik Deutschland. Allí vive Christiane, la directora de la escuela primaria Grundschule am Eichenhain.

La escuela está ubicada en Hasborn, un poblado a 22 kilómetros de Salmtal y que no cuenta ni siquiera con 600 habitantes. Para decirlo en otras palabras, no estoy en Berlín, esto no es Hamburgo ni München ni Frankfurt ni mi querida ciudad de Karlsruhe. Estoy en el "campo", en "tierra adentro" alemana y aunque no hay vacas ni ovejas caminando sueltas por las calles, aquí se respira y se transpira tranquilidad, silencio, calma... como en cualquier otro pueblito en el mundo. Pero claro, aquí todos los "pueblerinos" tienen auto, internet (rápido), casa con calefacción, luz, agua, teléfono y pueden irse de vacaciones a las Islas Canarias. Otro mundo.

Muchas horas de viaje, pero muy pocas de sueño. Hoy lunes visité por primera vez la escuela primaria en la que pasaré las siguientes tres semanas aprendiendo y compartiendo mi experiencia como profesora. Salimos de Salmtal a las siete de la mañana sin sol y tras 20 minutos de viaje llegamos a la escuela, todavía en plena penumbra de amanecer.

La escuela es una construcción pequeña, pero muy bien dispuesta que alberga a 98 niños y niñas que provienen no solo de Hasborn sino también de los poblados vecinos. En el estado de Rheinland-Pfalz la escuela primaria dura cuatro años, después los alumnos pasan al nivel superior y lo hacen en otra escuela. La Grundschule am Eichenhain cuenta con los cuatro grados establecidos para una primaria y un cuerpo docente conformado por 7 profesores, 6 mujeres (incluida la directora) y un varón.

Hoy sólo me dediqué a observar y a aprender; a destilar el cansancio acumulado del fin de semana. La jornada en la escuela comienza a las 7:45 y termina a la una de la tarde. Después del almuerzo, alrededor de 25 niños se quedan en la escuela hasta las cuatro de la tarde. En ese tiempo pueden hacer tareas o entretenerse ya sea jugando o haciendo manualidades, es decir que la escuela se convierte en una "guardería". Así conocí a Amy, la tremenda que discutió conmigo sobre mi nombre, aquí soy Anna y no Ana. También conocí a Victoria y a Meike y a toda la clase del cuarto grado y me sentí bienvenida. Además, recibí regalos y me sentí mejor.

Lo anecdótico: Cuando Christiane les dijo a sus alumnos que venía de visita una profesora boliviana, uno de ellos le preguntó que si se trataba de una refugiada. Sonrían conmigo y sepan que no hay otro tema más actual que el de los refugiados sirios en este momento en Alemania.

En la noche fui de invitada a la clase de swing de Christiane y su esposo. No hizo falta preguntarme dos veces para que me pusiera a bailar. Al poco rato se acercó la profesora de baile a consultarme si yo había bailado ya antes. Cómo explicarle que a una latina le baila siempre la sangre.

Mañana les cuento más.




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