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Foto tomada del muro de Facebook de Ximena Sarmiento |
Jeanine Añez cumple hoy un mes como presidenta de transición del Estado Plurinacional de Bolivia. Seguramente el momento en el que se proclamó como tal, por sucesión constitucional, fue uno de los más difíciles de digerir para los masistas que se encontraban salvando sus vidas en México y que veían desbaratarse sus planes de retorno mesiánico como si una pila de naipes que se encuentra con el viento se tratara. En ese momento los errores que habían cometido se convirtieron en heridas de muerte que eran ya muy difíciles de cerrar. Puede que sean conjeturas y que si nos apegamos a los hechos concretos y a lo que realmente pudimos constatar en los medios, la renuncia de Evo Morales era la única „solución“ posible para un país y un pueblo que había activado el freno de emergencia y que no estaban dispuestos a ceder ante los deseos de perpetuación en el poder de un gobernante que había organizado el fraude electoral más cínico y descarado de nuestra historia democrática. El inquebrantable movimiento de pititas en el país nos sacudió a todos y nos dio una razón más para amar a esta patria y defenderla incluso con la vida. El informe preliminar de la OEA sobre las irregularidades del proceso electoral y la recomendación de realizar nuevos comicios terminaron por precipitar la caída de Morales.
La ola de vandalismo y de terror, de incertidumbre y de zozobra que generó el fin de un régimen que
durante casi 14 años secuestró el imaginario colectivo de „los más humildes“,
como les llamaba el paternalista Evo Morales a sus movimientos sociales, no
dejó el alma en ningún cuerpo. El día en el que tuve que pensar en escondites
para mis hijos en mi propia casa, me sentí extraviada en un páramo surreal que
no guardaba absolutamente ninguna lógica con lo que se había vivido aquel soleadísimo
domingo 20 de octubre, día de las elecciones generales. Recuerdo haber
depositado mi voto con esperanza y haber retornada a casa flanqueada por mis
hijos sin si quiera sospechar en lo que se vendría horas, días y semanas
después.
Hoy miramos hacia a atrás y debemos reconocernos como
protagonistas de una nueva recuperación democrática en Bolivia, todos los
ciudadanos que bloqueamos calles, que nos colgamos la tricolor a la espalda,
que nos desgañitamos cantando los estribillos de la liberación, que rompimos
cucharas de madera dándole duro a las ollas durante las noches de cacerolazo,
que nos amarramos a las pititas de la libertad y la determinación después de
haber asistido perplejos y todavía pasivos al ultraje del que fuimos víctimas
en el referendum del 21 de febrero de 2016. Miramos hacia atrás para aplaudir
una vez más aquel significativo y masivo cabildo en Santa Cruz que fue la
primera señal inequívoca de la llegada de un tiempo nuevo, de un tiempo que
también trajo dolor y muerte. De un tiempo que todavía nos tiene suspendidos y
expectantes; como fieras que ven acercarse el fuego y gruñen y lanzan zarpazos
con tal de resguardar su territorio y a los suyos. Y es que este capítulo no ha
terminado todavía.
Apoyo el gobierno de la presidenta Añez. No todos estarán de
acuerdo con las medidas que ha tomado hasta ahora y no tienen porque estarlo,
es precepto básico de la democracia, al menos de una democracia en la que la
alternancia política y el libre intercambio de ideas son una premisa
irrenunciable. Añez le ha puesto rostro de mujer a la reconstrucción de país
que al final de cuentas es tarea de todos, los que están en Bolivia y los que
estamos fuera, pero mirando de cerca todos los acontecimientos que están
haciendo historia en nuestro país. No
podemos dejar de estar alerta, de estar atentos y lúcidos; no podemos dejarnos
caer una vez más en una olla de agua tibia que se cocina a fuego lento y que
nos da una mentirosa sensación de calidez hasta dejarnos chamuscados y otra vez
inertes a la hora de reaccionar. Bolivia nos necesita, pero no solo ahora, nos
necesita siempre dispuestos y en posición pitita para sortear el presente,
liberar el futuro y nunca-jamás olvidar el pasado. Así que todos en sus marcas,
listos, ¡pitita!
Excelente trabajo, Anita.
ResponderBorrarGracias por leerlo, Ceci.
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